Estaba leyendo La insoportable levedad del ser y me encontré con que Milan Kundera citaba esto:
“De repente se acordó del famoso mito de El Banquete de Platón: la gente era hermafrodita hasta que Dios los partió en dos, y ahora todas las mitades andan por el mundo buscándose. El amor es la añoranza de la mitad de nosotros mismos que hemos perdido.”
Y pensé: joder, qué bueno. Así que me puse a investigar y di con este mito tan curioso. Asi que vamos con el.
Resulta que en El Banquete, Platón, Aristófanes comienza a soltar una teoría bastante loca… pero de esas que, cuanto más la piensas, más sentido tiene.
Dice que al principio de los tiempos los humanos no éramos como ahora. No. Éramos… completos. Pero completos de verdad. Teníamos dos cabezas, cuatro brazos, cuatro piernas… y además había tres tipos: hombres, mujeres y unos que eran mezcla de ambos. Vamos, que éramos como bolas humanas rodando por ahí, autosuficientes, sin necesidad de nadie.
Y claro, eso se nos subió a la cabeza.
Nos volvimos fuertes, orgullosos… tanto, que decidimos ir a plantar cara a los dioses. Error histórico nivel máximo.
Entonces aparece Zeus, que no era precisamente de los que te dan una segunda oportunidad con charla motivacional. Pero tampoco quería destruir a los humanos, porque entonces se quedaba sin gente que le rindiera culto. Así que hizo algo mucho más… digamos... retorcido.
Nos partió por la mitad. Literalmente.
De repente, cada ser completo se convirtió en dos mitades. Y no solo eso: nos dejó vivos, conscientes… pero incompletos. Imagínate despertarte y sentir que te falta algo, pero sin saber exactamente qué.
Desde entonces, cada mitad va por el mundo buscando a la otra. No por capricho, sino por una especie de necesidad casi física. Y cuando, por casualidad o destino, te cruzas con tu otra mitad… pasa algo raro. No quieres separarte. Te pegas a esa persona como si por fin todo encajara. Como si, por un momento, dejaras de estar roto.
Eso dice el mito que es el amor.
No es solo atracción, ni compañía, ni química… es nostalgia. Es recordar, sin saber por qué, que una vez fuiste algo completo y que lo perdiste.
Como si, en el fondo, todos estuviéramos un poco buscando sin saber exactamente el qué.
“De repente se acordó del famoso mito de El Banquete de Platón: la gente era hermafrodita hasta que Dios los partió en dos, y ahora todas las mitades andan por el mundo buscándose. El amor es la añoranza de la mitad de nosotros mismos que hemos perdido.”
Y pensé: joder, qué bueno. Así que me puse a investigar y di con este mito tan curioso. Asi que vamos con el.
Resulta que en El Banquete, Platón, Aristófanes comienza a soltar una teoría bastante loca… pero de esas que, cuanto más la piensas, más sentido tiene.
Dice que al principio de los tiempos los humanos no éramos como ahora. No. Éramos… completos. Pero completos de verdad. Teníamos dos cabezas, cuatro brazos, cuatro piernas… y además había tres tipos: hombres, mujeres y unos que eran mezcla de ambos. Vamos, que éramos como bolas humanas rodando por ahí, autosuficientes, sin necesidad de nadie.
Y claro, eso se nos subió a la cabeza.
Nos volvimos fuertes, orgullosos… tanto, que decidimos ir a plantar cara a los dioses. Error histórico nivel máximo.
Entonces aparece Zeus, que no era precisamente de los que te dan una segunda oportunidad con charla motivacional. Pero tampoco quería destruir a los humanos, porque entonces se quedaba sin gente que le rindiera culto. Así que hizo algo mucho más… digamos... retorcido.
Nos partió por la mitad. Literalmente.
De repente, cada ser completo se convirtió en dos mitades. Y no solo eso: nos dejó vivos, conscientes… pero incompletos. Imagínate despertarte y sentir que te falta algo, pero sin saber exactamente qué.
Desde entonces, cada mitad va por el mundo buscando a la otra. No por capricho, sino por una especie de necesidad casi física. Y cuando, por casualidad o destino, te cruzas con tu otra mitad… pasa algo raro. No quieres separarte. Te pegas a esa persona como si por fin todo encajara. Como si, por un momento, dejaras de estar roto.
Eso dice el mito que es el amor.
No es solo atracción, ni compañía, ni química… es nostalgia. Es recordar, sin saber por qué, que una vez fuiste algo completo y que lo perdiste.
Como si, en el fondo, todos estuviéramos un poco buscando sin saber exactamente el qué.