ElPeladilla
Shurmano Dios
- Nº Ranking
- 222
- Shurmano Nº
- 3504
- Desde
- 16 Ene 2024
- Mensajes
- 2,476
- Reacciones
- 14,425
Aquella noche, Eduardo no podía concentrarse en nada. La velada había sido larga, entre risas, copas y confidencias, hasta que su amigo y la novia de este decidieron quedarse a dormir. Él, generoso anfitrión, les cedió una habitación y se quedó solo en el salón, con el eco de la noche aún vibrando en el aire.
Fue entonces cuando los vio.
Unos zapatos olvidados junto al sofá. Pequeños, elegantes… con ese aire descuidado que deja alguien al final de una noche intensa. Eduardo sintió una curiosidad casi magnética. No era solo el objeto, sino lo que representaba: la presencia de ella, su paso por ese espacio, el rastro invisible de su personalidad.
Se acercó despacio, como si estuviera invadiendo un secreto.
El silencio de la casa hacía que todo pareciera más íntimo, más prohibido. Los tomó en sus manos, notando aún el leve calor y olor a queso que parecía haberse quedado atrapado en el interior. Su imaginación hizo el resto. Pensó en las horas que esos zapatos habían acompañado cada paso, cada movimiento, cada risa de la noche.
Aquello tenía algo de ritual privado, de curiosidad llevada al límite de lo aceptable.
Eduardo sonrió, consciente de lo absurdo y, al mismo tiempo, de lo irresistible del momento. No había nadie mirando, nadie juzgando. Solo él, la noche… y ese pequeño secreto que jamás saldría de esas paredes.
A la mañana siguiente, el sol entró sin pedir permiso. Entre el sonido de pasos somnolientos y despedidas apresuradas, la chica se calzó sin pensarlo demasiado. Eduardo, desde la cocina, fingía concentrarse en el café, pero no pudo evitar una leve sonrisa.
Hay secretos que no pesan… pero que se sienten.
Lo que está claro es que no se percató que dentro de los zapatos habían tres corridas explosivas que secaron con el paso de las horas
Os lo juro jajajjaja menudo guarro el Edy
Fue entonces cuando los vio.
Unos zapatos olvidados junto al sofá. Pequeños, elegantes… con ese aire descuidado que deja alguien al final de una noche intensa. Eduardo sintió una curiosidad casi magnética. No era solo el objeto, sino lo que representaba: la presencia de ella, su paso por ese espacio, el rastro invisible de su personalidad.
Se acercó despacio, como si estuviera invadiendo un secreto.
El silencio de la casa hacía que todo pareciera más íntimo, más prohibido. Los tomó en sus manos, notando aún el leve calor y olor a queso que parecía haberse quedado atrapado en el interior. Su imaginación hizo el resto. Pensó en las horas que esos zapatos habían acompañado cada paso, cada movimiento, cada risa de la noche.
Aquello tenía algo de ritual privado, de curiosidad llevada al límite de lo aceptable.
Eduardo sonrió, consciente de lo absurdo y, al mismo tiempo, de lo irresistible del momento. No había nadie mirando, nadie juzgando. Solo él, la noche… y ese pequeño secreto que jamás saldría de esas paredes.
A la mañana siguiente, el sol entró sin pedir permiso. Entre el sonido de pasos somnolientos y despedidas apresuradas, la chica se calzó sin pensarlo demasiado. Eduardo, desde la cocina, fingía concentrarse en el café, pero no pudo evitar una leve sonrisa.
Hay secretos que no pesan… pero que se sienten.
Lo que está claro es que no se percató que dentro de los zapatos habían tres corridas explosivas que secaron con el paso de las horas
Os lo juro jajajjaja menudo guarro el Edy
Última edición:

