Los errores y las pruebas del caso Wanninkhof que llevaron a prisión a Dolores Vázquez
Pocas situaciones en la vida debe haber más desquiciantes que ser encarcelados siendo inocentes.
Dolores Vázquez pasó 519 días en prisión por un crimen que no había cometido. Pero la condena no terminó ahí. Su libertad quedó presa de la duda, la especulación y la ignorancia. Ahora, 26 años después ha recibido un homenaje desde el Ministerio de Igualdad, una reparación pública al error judicial que la condenó para el resto de su vida.
En octubre de 1999, la desaparición de la joven Rocío Wanninkhof en la Costa del Sol se convirtió en uno de los procesos judiciales más controvertidos de la historia reciente de España. Lo que comenzó como la búsqueda desesperada de una chica de 19 años acabó torciéndose entre
negligencias, presión mediática y prejuicios sociales.
Rocío desapareció la noche del 9 de octubre de 1999 tras salir con amigos durante la feria de Fuengirola. Al día siguiente, su madre encontró su zapatilla, bolso, móvil y manchas de sangre cerca del domicilio. Durante semanas se organizaron batidas con vecinos, voluntarios y fuerzas de seguridad. Veinticinco días después, el cadáver de la joven fue localizado a 200 metros de una autovía, oculto detrás de un seto. Los signos de violencia eran claros. Al lado, un pañuelo, bolsas de basura y colillas.
El ADN de los cigarrillos correspondía a un varón. Pero nadie daba con el autor. Mientras, la presión mediática aumentaba. Y los ojos cayeron en Dolores Vázquez. Era amiga de la familia, se especulaba que pudiera haber sido
pareja sentimental de la madre de Rocío, y a la hipótesis del móvil pasional, teñida de supuesto resentimiento y desamor, se sumó una retahíla de especulaciones, contradicciones y errores.
El testimonio
El procedimiento judicial se celebró en 2001
con jurado popular, una figura implantada hacía muy poco en España. Y esto es importante. El principal bloque acusatorio no estuvo formado por pruebas científicas concluyentes, sino por indicios circunstanciales. Uno de los más relevantes fue el testimonio de una asistenta que aseguró haber visto a Dolores
golpear una fotografía de Rocío el día en que apareció el cadáver. Según esa versión, habría pronunciado además frases hostiles sobre la víctima. Aunque se trataba de un testimonio discutible y sin corroboración material, tuvo enorme
impacto emocional ante la opinión general y el jurado.
La actitud
Fría, lesbiana, rara, rencorosa. A Dolores
la etiquetaron de mil maneras. Las palabras de desprecio le venían de vecinos y amigos, incluso de la propia madre de Rocío. Le cayó encima el prejuicio.
La Guardia Civil elaboró un perfil psicológico demoledor. Según sus parámetros, encajaba con una posible criminal. Hallaron la
motivación pasional, encontraron huecos en sus declaraciones y sumaron los puntos. Pero no siempre todo es lo que parece.
Las contradicciones
Dolores dijo que esa noche no había salido de casa. Pero después
corrigió su versión y explicó que había ido a por tabaco y a tirar la basura. Por el horario de la geolocalización, le habría dado tiempo a matar a Rocío. Cerca del cuerpo de la víctima
habían aparecido unas bolsas de plástico. Dolores dijo que no las había visto, pero encontrarían ese tipo de bolsas en su vivienda. La trabajadora de un establecimiento contó haberla
visto nerviosa esa noche, y una vidente aseguró que Dolores culpaba a la hija de su ruptura y que habría llegado a decir que
“lloraría lágrimas de sangre”. A esto se suma su
“extraña actitud” a lo largo de todo el procedimiento, contradictoria y errática.
Las pruebas
Había contradicciones. Un posible móvil. Testimonios y testigos. Interpretaciones y un perfil. Pero
faltaban las pruebas materiales. Aun así, el jurado la declaró culpable y fue condenada a 15 años de prisión e ingresó en la cárcel de Alhaurín de la Torre. La sentencia fue recurrida y en 2002
el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía anuló la condena y ordenó repetir el juicio al considerar insuficientemente motivado el veredicto del jurado. Dolores Vázquez salió en libertad provisional, aunque la sombra de la sospecha pública continuó sobre ella.
El chivatazo
El giro definitivo llegó en agosto de 2003 con la desaparición y asesinato de
Sonia Carabantes. En esta ocasión, los investigadores consiguieron encontrar el cuerpo pocos días después y los restos biológicos permitieron realizar comparaciones genéticas.
El ADN coincidía con el perfil hallado años antes en la colilla del crimen de Rocío. Aquello demostraba que ambos asesinatos habían sido cometidos por la misma persona, y no era Dolores. Unos días después del hallazgo del cadáver de Sonia, una mujer extranjera acudió a una comisaría.
Decía tener información sobre el crimen. Según ella, el asesino era su ex pareja.
Tony Alexander King, ciudadano británico con antecedentes por delitos sexuales en Reino Unido. Un tipo que había cambiado de identidad, pero no de pulsión. La mujer explicó a los agentes que las fechas cuadraban, las pruebas le delataban. Su ex era conocido como
“estrangulador de Holloway”, un depredador sexual británico que se había burlado de la ley y había vuelto a actuar, esta vez en España.
Confirmado. Lo siguieron, cotejaron su ADN y lo pillaron.
Tony había matado a Rocío y a Sonia. Durante años pasó desapercibido, hasta que las pruebas lo encarcelaron. El ADN de las colillas, en las uñas de la víctima, sangre en su coche, material de limpieza en el maletero, una tulipa idéntica a la encontrada cerca de la víctima. El historial delictivo. En 2005 fue declarado, por unanimidad, culpable del crimen de Sonia. Al año siguiente, culpable por el de Rocío.
En paralelo, la sombra de Dolores. Marchó de España. Las conjeturas seguían su sombra. Hasta ahora. Medio siglo después de una condena errónea, al fin reconocida, aunque no resarcida. El caso dejó una enseñanza central para cualquier sistema judicial y democrático: la búsqueda de justicia
exige pruebas sólidas, independencia frente a la presión externa y máxima cautela antes de convertir sospechas en condenas.
Presión mediática, juicios morales y contradicciones: las pruebas que llevaron a prisión a una inocente.
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