DaleGarrote
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La hostelería en España ya no solo tiene que preocuparse por sacar adelante sus negocios, sino también por aguantar a ciertos “influencers gastronómicos” que van de expertos sin tener (aparentemente) la formación ni el criterio para ello.
El último caso es el de Cenando con Pablo, que ha visitado el restaurante Callizo de Aínsa (Estrella Michelin) y ha decidido que lo más destacable de su experiencia es… que el pan “es malo”.
Sí, tal cual.
Os dejo el vídeo donde suelta la perla
El tema no es que no le guste el pan (faltaría más), sino el tono y la forma. No es un “no me convence”, es directamente: "Este pan no está bueno"
Soltado además al camarero, generando ese momento incómodo que tanto gusta en redes porque da visitas.
Lo curioso es que luego reconoce que varios platos sí le gustan. Pero claro, eso no da tanto juego como una frase lapidaria.
Y aquí es donde Callizo le da una lección de elegancia:
“Hay historias que se cuentan solas… y otras que se amasan cada madrugada.
En Restaurante Callizo trabajamos con un pan muy especial, elaborado por una panadería con más de 90 años de historia. Un pan hecho con harina 03 de Aragón, de los de antes, de los que pesan cerca de 2 kilos y acompañaban a cuadrillas de cazadores y romerías en la montaña.
Es el pan de las madrugadas frías, de hornos encendidos cuando aún no ha salido el sol. El de quienes siguen recorriendo pueblos menos conocidos para que esta tradición no desaparezca. Porque cada vez quedan menos panaderías así… y para nosotros, apoyarlas no es una opción, es parte de nuestra esencia.
Hace tiempo entendimos que viajar también es descubrir sabores nuevos y que uno reconoce dónde está cuando prueba un pan, un aceite o un vino de la tierra. Son esos pequeños detalles los que definen un lugar.”
Vamos, que igual el problema no era el pan, sino no entender lo que estás comiendo.
Desde Callizo subrayan que este tipo de elaboraciones forman parte de su esencia y de su compromiso con el entorno: “Cada vez quedan menos panaderías así. Apoyarlas no es una opción, es parte de nuestra identidad”. Además, reivindican el valor del producto local como elemento clave de la experiencia gastronómica, recordando que sabores como el pan, el aceite o el vino ayudan a entender el lugar que se visita.
Esto no es un caso aislado. Es el típico patrón:
No es la primera vez que va de sobrado:
Porque al final parece que algunos no prueban comida… prueban a ver qué frase les da más visitas.
Y eso, sinceramente, cansa bastante.
¿Qué opinión os merecen este tipo de foodies?
¿Seguís a alguno que realmente aporte o son todos un poco del mismo rollo de titular fácil y crítica exagerada?
El último caso es el de Cenando con Pablo, que ha visitado el restaurante Callizo de Aínsa (Estrella Michelin) y ha decidido que lo más destacable de su experiencia es… que el pan “es malo”.
Sí, tal cual.
Os dejo el vídeo donde suelta la perla
El tema no es que no le guste el pan (faltaría más), sino el tono y la forma. No es un “no me convence”, es directamente: "Este pan no está bueno"
Soltado además al camarero, generando ese momento incómodo que tanto gusta en redes porque da visitas.
Lo curioso es que luego reconoce que varios platos sí le gustan. Pero claro, eso no da tanto juego como una frase lapidaria.
La respuesta del restaurante (zasca fino)
Y aquí es donde Callizo le da una lección de elegancia:“Hay historias que se cuentan solas… y otras que se amasan cada madrugada.
En Restaurante Callizo trabajamos con un pan muy especial, elaborado por una panadería con más de 90 años de historia. Un pan hecho con harina 03 de Aragón, de los de antes, de los que pesan cerca de 2 kilos y acompañaban a cuadrillas de cazadores y romerías en la montaña.
Es el pan de las madrugadas frías, de hornos encendidos cuando aún no ha salido el sol. El de quienes siguen recorriendo pueblos menos conocidos para que esta tradición no desaparezca. Porque cada vez quedan menos panaderías así… y para nosotros, apoyarlas no es una opción, es parte de nuestra esencia.
Hace tiempo entendimos que viajar también es descubrir sabores nuevos y que uno reconoce dónde está cuando prueba un pan, un aceite o un vino de la tierra. Son esos pequeños detalles los que definen un lugar.”
Vamos, que igual el problema no era el pan, sino no entender lo que estás comiendo.
Desde Callizo subrayan que este tipo de elaboraciones forman parte de su esencia y de su compromiso con el entorno: “Cada vez quedan menos panaderías así. Apoyarlas no es una opción, es parte de nuestra identidad”. Además, reivindican el valor del producto local como elemento clave de la experiencia gastronómica, recordando que sabores como el pan, el aceite o el vino ayudan a entender el lugar que se visita.
El problema de estos “foodies”
Esto no es un caso aislado. Es el típico patrón:- Opiniones simplonas sobre cosas complejas
- Frases contundentes para viralizar
- Mucho “esto es malo” y poco contexto
Otras perlas del personaje
No es la primera vez que va de sobrado:- Se dejó 3.700€ en un vuelo en business y también soltó críticas del estilo “horrible”, otra vez centrado en detalles muy concretos mientras el conjunto no era tan negativo.
- Suele usar calificativos extremos (malo, horrible…) que funcionan genial para redes, pero dicen poco a nivel gastronómico real.
- Su contenido está claramente pensado para generar reacción más que análisis.
Porque al final parece que algunos no prueban comida… prueban a ver qué frase les da más visitas.
Y eso, sinceramente, cansa bastante.
¿Qué opinión os merecen este tipo de foodies?
¿Seguís a alguno que realmente aporte o son todos un poco del mismo rollo de titular fácil y crítica exagerada?