Lorelei
Shurmano Infinite
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En este pueblo de la Sierra de Madrid hay apenas 91 personas empadronadas (solo 35 viven allí durante el invierno).
En plena sierra norte de la comunidad de Madrid, se encuentra un pequeño municipio, situado a más de 1.200 metros de altitud, que representa muchas de las características asociadas a la España vaciada. Pero, a pesar del frío intenso en invierno, su tamaño reducido y las limitaciones en servicios como el transporte o la vivienda, el pueblo no solo resiste, sino que crece y se transforma.
Con apenas 18 kilómetros cuadrados de superficie, Robregordo cuenta con una población muy reducida durante los meses más duros del año: alrededor de 35 vecinos. Sin embargo, el padrón asciende a más de 90 personas y, en verano, la cifra supera con creces los 250 habitantes gracias a la llegada de propietarios de segundas residencias, según recoge Cadena SER. Sin embargo, lo más curioso de Robregordo es que le define la diversidad.
Robregordo destaca por ser un oasis literalmente para todos, pues sus habitantes proceden de hasta nueve países distintos: Marruecos, Ucrania, Italia, Rusia, Senegal, República Dominicana, Bulgaria, Italia, Rumanía y Uruguay. Esta mezcla de nacionalidades no es frecuente en municipios tan pequeños y ha contribuido a crear un entorno social singular. Según la Cadena SER, este cruce de culturas ha revitalizado la vida cotidiana del pueblo.
A este crecimiento también se han sumado familias llegadas desde otras comunidades autónomas, atraídas por la tranquilidad del entorno y la cercanía relativa a Madrid capital. Uno de los cambios más significativos ha sido el aumento del número de niños. Donde antes apenas había dos menores, ahora hay una docena. Esto ha transformado el ambiente del municipio.
La alcaldesa, Marisol Herreño Traslaviña, de origen colombiano, representa una realidad poco habitual en la política local española. Lleva más de dos décadas en el país y ha apostado desde el principio por fomentar la participación de los vecinos, especialmente de aquellos con origen migrante. Su gestión ha buscado reforzar la convivencia y evitar que las diferencias culturales se conviertan en barreras.
Un pueblo joven
El municipio también desafía la idea de que los pueblos pequeños están envejecidos. La media de edad ronda los 47 años, una cifra equilibrada para un entorno rural. Aun así, persisten dificultades estructurales. La mayoría de los vecinos trabaja fuera, ya que las oportunidades laborales dentro del propio pueblo son escasas: apenas un bar y algunas explotaciones ganaderas sostienen la actividad económica local.
A pesar de ello, el ritmo de vida en Robregordo sigue marcado por la calma. El silencio domina sus calles; esa tranquilidad, que para algunos puede parecer aislamiento, es precisamente uno de los principales atractivos para quienes deciden instalarse allí.
www.20minutos.es
En plena sierra norte de la comunidad de Madrid, se encuentra un pequeño municipio, situado a más de 1.200 metros de altitud, que representa muchas de las características asociadas a la España vaciada. Pero, a pesar del frío intenso en invierno, su tamaño reducido y las limitaciones en servicios como el transporte o la vivienda, el pueblo no solo resiste, sino que crece y se transforma.
Con apenas 18 kilómetros cuadrados de superficie, Robregordo cuenta con una población muy reducida durante los meses más duros del año: alrededor de 35 vecinos. Sin embargo, el padrón asciende a más de 90 personas y, en verano, la cifra supera con creces los 250 habitantes gracias a la llegada de propietarios de segundas residencias, según recoge Cadena SER. Sin embargo, lo más curioso de Robregordo es que le define la diversidad.
Robregordo destaca por ser un oasis literalmente para todos, pues sus habitantes proceden de hasta nueve países distintos: Marruecos, Ucrania, Italia, Rusia, Senegal, República Dominicana, Bulgaria, Italia, Rumanía y Uruguay. Esta mezcla de nacionalidades no es frecuente en municipios tan pequeños y ha contribuido a crear un entorno social singular. Según la Cadena SER, este cruce de culturas ha revitalizado la vida cotidiana del pueblo.
A este crecimiento también se han sumado familias llegadas desde otras comunidades autónomas, atraídas por la tranquilidad del entorno y la cercanía relativa a Madrid capital. Uno de los cambios más significativos ha sido el aumento del número de niños. Donde antes apenas había dos menores, ahora hay una docena. Esto ha transformado el ambiente del municipio.
La alcaldesa, Marisol Herreño Traslaviña, de origen colombiano, representa una realidad poco habitual en la política local española. Lleva más de dos décadas en el país y ha apostado desde el principio por fomentar la participación de los vecinos, especialmente de aquellos con origen migrante. Su gestión ha buscado reforzar la convivencia y evitar que las diferencias culturales se conviertan en barreras.
Un pueblo joven
El municipio también desafía la idea de que los pueblos pequeños están envejecidos. La media de edad ronda los 47 años, una cifra equilibrada para un entorno rural. Aun así, persisten dificultades estructurales. La mayoría de los vecinos trabaja fuera, ya que las oportunidades laborales dentro del propio pueblo son escasas: apenas un bar y algunas explotaciones ganaderas sostienen la actividad económica local.
A pesar de ello, el ritmo de vida en Robregordo sigue marcado por la calma. El silencio domina sus calles; esa tranquilidad, que para algunos puede parecer aislamiento, es precisamente uno de los principales atractivos para quienes deciden instalarse allí.
El curioso pueblo de Madrid en el que conviven vecinos de hasta nueve nacionalidades distintas
En este pueblo de la Sierra de Madrid hay apenas 91 personas empadronadas (solo 35 viven allí durante el invierno).
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