General Todos fuimos emigrantes… hasta que llegaron otros.

DaleGarrote

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Siempre me ha generado curiosidad entender por qué el ser humano puede llegar a ser racista o xenófobo. Me pregunto si es por miedo, por ignorancia o por alguna otra razón más profunda. Me resulta difícil comprender que alguien pueda juzgar a otra persona por su color de piel, por su origen, por su religión o por su ideología política, en lugar de valorar lo que esa persona es capaz de aportar a la sociedad.
En mi caso, provengo de Galicia, una tierra marcada profundamente por la emigración. Es difícil encontrar una familia gallega que no tenga en su historia a algún abuelo, tío o bisabuelo que haya tenido que marcharse a otro país en busca de oportunidades. Durante generaciones, muchas personas tuvieron que dejar su hogar por pura necesidad, porque en su tierra no había otra forma de salir adelante.
Por eso me sorprende especialmente escuchar discursos racistas o xenófobos en un país como España, que históricamente ha sido un país emigrante. Hoy en día seguimos emigrando, aunque en muchos casos por razones diferentes: ya no siempre por pura supervivencia, sino porque muchos jóvenes formados se marchan a ejercer su profesión y a aportar su talento en otros lugares del mundo.
Existe además una contradicción evidente. Cuando nosotros emigramos, solemos pensar que vamos a trabajar, a esforzarnos y a contribuir al progreso del país que nos acoge. Sin embargo, cuando otras personas llegan al nuestro buscando exactamente lo mismo, con frecuencia se les mira con desconfianza o se les acusa de aprovecharse del sistema. Esa doble vara de medir resulta difícil de entender.
También me llama la atención la idea de la “pureza”, ya sea racial o nacional. Si uno revisa con un mínimo de honestidad cualquier árbol genealógico, lo más probable es que encuentre mezclas, migraciones y desplazamientos. La historia de la humanidad es, en gran medida, una historia de movimientos y mestizaje.
Además, creo que cualquier persona que haya tenido un poco de mundo —y con esto no me refiero necesariamente a emigrar a otro continente— sabe que salir del lugar donde uno ha crecido cambia la perspectiva. Incluso dentro del mismo país las diferencias culturales existen. No es lo mismo crecer en Galicia que en Andalucía, por ejemplo, y a veces incluso dentro de esas diferencias pueden aparecer pequeños prejuicios o estereotipos.
Yo mismo he tenido la oportunidad de vivir en otros países. Emigrar nunca es fácil. Tiene una parte de ilusión, pero también de dolor. Uno deja atrás su entorno, su familia y sus costumbres. Aunque no haya una discriminación abierta, siempre existe la sensación de ser un poco extranjero, un poco forastero.
Por eso me sorprende especialmente cuando las ideas racistas o xenófobas vienen precisamente de personas que también han sido emigrantes o cuyos padres lo fueron. En esos casos, la contradicción es todavía más evidente.
Tampoco creo que el racismo o la xenofobia puedan atribuirse de manera automática a una ideología política concreta. Identificar a la derecha como necesariamente xenófoba o a la izquierda como automáticamente abierta y tolerante me parece una simplificación. Al final, estas actitudes nacen de las personas, no de las etiquetas políticas.
En mi opinión, uno de los factores que más alimenta estos prejuicios es la forma en que a veces se presenta la información en ciertos medios. Muchos discursos sobre inmigración se construyen a partir de datos incompletos, exageraciones o generalizaciones que acaban creando una percepción distorsionada de la realidad.
Si lo pensamos bien, la mayoría de nosotros convivimos a diario con personas inmigrantes. Nos cruzamos con ellas trabajando: atendiendo en comercios, repartiendo, construyendo, limpiando, cuidando o realizando innumerables tareas que forman parte del funcionamiento cotidiano de la sociedad.
También se habla mucho de las ayudas sociales, de las llamadas “paguitas”, como si fueran un privilegio fácil de obtener. Pero pocas veces se explica con claridad qué requisitos existen para acceder a ellas o cuál es realmente la cantidad que se percibe. La realidad suele ser mucho más compleja y, en muchos casos, esas ayudas apenas permiten subsistir.
Por todo ello, sigo preguntándome hasta qué punto muchas de estas actitudes nacen realmente del rechazo personal o si, en parte, responden a corrientes de opinión que se ponen de moda en determinados momentos. Quiero pensar que es lo segundo.
Afortunadamente, mi experiencia personal me ha demostrado también el lado contrario: la capacidad que tenemos las personas de entendernos, de convivir y de construir vínculos más allá del origen, la religión o la cultura. A lo largo de mi vida he tenido la suerte de conocer y de querer a personas de distintas nacionalidades y creencias, y eso me ha recordado una y otra vez algo bastante simple: antes que cualquier etiqueta, todos somos personas.
 
Última edición:
No te canses, a alguien tienen que culpar de los problemas... la formula les lleva funcionando eones... la culpa es del mas pobre...
 
No te canses, a alguien tienen que culpar de los problemas... la formula les lleva funcionando eones... la culpa es del mas pobre...
No es mi idea la de convencer a nadie, solo exponer lo que pienso y reflexiono 😉
Igual, es demasiado tocho, dudo que sea leído 😂
 
Pues yo tengo mundo y precisamente eso es lo que me hace despreciar a los negratas.

Cuanto mas los conoces mas te das cuenta que ‘no sirven”

Puto @DaleGarrote mariconaso gallego progre!😂😂
 
Todos hemos sido en cierto modo inmigrantes y emigrantes, pero lo que la gente olvidda es que todos tenemos una patria geografica, es decir todos somos indigenas de algun lugar.

Salvo para las ONGs progres que niegan que el hombre blanco sea originario de algun lugar, y por tanto, indigena en su tierra.

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No hay ni un solo centimetro cuadrado de tierra de areas de biodiversidad en manos de europeos en Europa (indigenas de europa)... Cuando es una zona que concentra areas de importancia para aves y biodiversidad

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Se nota mucho retraso...
 
Todos hemos sido en cierto modo inmigrantes y emigrantes, pero lo que la gente olvidda es que todos tenemos una patria geografica, es decir todos somos indigenas de algun lugar.

Salvo para las ONGs progres que niegan que el hombre blanco sea originario de algun lugar, y por tanto, indigena en su tierra.

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No hay ni un solo centimetro cuadrado de tierra de areas de biodiversidad en manos de europeos en Europa (indigenas de europa)... Cuando es una zona que concentra areas de importancia para aves y biodiversidad

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Se nota mucho retraso...
Vamos que dios hizo a los vikingos blancos y a los africanos negros por algo cojones.

Lastima no considero que iban a inventar los barcos
 
Confundir sentido común con xenofobia, es un buen ejercicio de demagogia.

A buena parte de España se la sopla el origen y raza de los demás, porque como bien dices hemos sido y somos un país de emigrantes.

Es más, dentro de nuestras fronteras tenemos culturas muy diferentes, y a no ser cuando se ha metido la política por medio (y el abuso) conviven sin ningún problema.

De ahí, a que esto sea una barra libre de delincuencia, ayudas estatales y eliminación de nuestros usos y costumbres para que el que venga lo tenga de color de rosa, hay un trecho.

Peeero, entiendo que es un discurso que se vende solo.
 
Siempre me ha generado curiosidad entender por qué el ser humano puede llegar a ser racista o xenófobo. Me pregunto si es por miedo, por ignorancia o por alguna otra razón más profunda. Me resulta difícil comprender que alguien pueda juzgar a otra persona por su color de piel, por su origen, por su religión o por su ideología política, en lugar de valorar lo que esa persona es capaz de aportar a la sociedad.
En mi caso, provengo de Galicia, una tierra marcada profundamente por la emigración. Es difícil encontrar una familia gallega que no tenga en su historia a algún abuelo, tío o bisabuelo que haya tenido que marcharse a otro país en busca de oportunidades. Durante generaciones, muchas personas tuvieron que dejar su hogar por pura necesidad, porque en su tierra no había otra forma de salir adelante.
Por eso me sorprende especialmente escuchar discursos racistas o xenófobos en un país como España, que históricamente ha sido un país emigrante. Hoy en día seguimos emigrando, aunque en muchos casos por razones diferentes: ya no siempre por pura supervivencia, sino porque muchos jóvenes formados se marchan a ejercer su profesión y a aportar su talento en otros lugares del mundo.
Existe además una contradicción evidente. Cuando nosotros emigramos, solemos pensar que vamos a trabajar, a esforzarnos y a contribuir al progreso del país que nos acoge. Sin embargo, cuando otras personas llegan al nuestro buscando exactamente lo mismo, con frecuencia se les mira con desconfianza o se les acusa de aprovecharse del sistema. Esa doble vara de medir resulta difícil de entender.
También me llama la atención la idea de la “pureza”, ya sea racial o nacional. Si uno revisa con un mínimo de honestidad cualquier árbol genealógico, lo más probable es que encuentre mezclas, migraciones y desplazamientos. La historia de la humanidad es, en gran medida, una historia de movimientos y mestizaje.
Además, creo que cualquier persona que haya tenido un poco de mundo —y con esto no me refiero necesariamente a emigrar a otro continente— sabe que salir del lugar donde uno ha crecido cambia la perspectiva. Incluso dentro del mismo país las diferencias culturales existen. No es lo mismo crecer en Galicia que en Andalucía, por ejemplo, y a veces incluso dentro de esas diferencias pueden aparecer pequeños prejuicios o estereotipos.
Yo mismo he tenido la oportunidad de vivir en otros países. Emigrar nunca es fácil. Tiene una parte de ilusión, pero también de dolor. Uno deja atrás su entorno, su familia y sus costumbres. Aunque no haya una discriminación abierta, siempre existe la sensación de ser un poco extranjero, un poco forastero.
Por eso me sorprende especialmente cuando las ideas racistas o xenófobas vienen precisamente de personas que también han sido emigrantes o cuyos padres lo fueron. En esos casos, la contradicción es todavía más evidente.
Tampoco creo que el racismo o la xenofobia puedan atribuirse de manera automática a una ideología política concreta. Identificar a la derecha como necesariamente xenófoba o a la izquierda como automáticamente abierta y tolerante me parece una simplificación. Al final, estas actitudes nacen de las personas, no de las etiquetas políticas.
En mi opinión, uno de los factores que más alimenta estos prejuicios es la forma en que a veces se presenta la información en ciertos medios. Muchos discursos sobre inmigración se construyen a partir de datos incompletos, exageraciones o generalizaciones que acaban creando una percepción distorsionada de la realidad.
Si lo pensamos bien, la mayoría de nosotros convivimos a diario con personas inmigrantes. Nos cruzamos con ellas trabajando: atendiendo en comercios, repartiendo, construyendo, limpiando, cuidando o realizando innumerables tareas que forman parte del funcionamiento cotidiano de la sociedad.
También se habla mucho de las ayudas sociales, de las llamadas “paguitas”, como si fueran un privilegio fácil de obtener. Pero pocas veces se explica con claridad qué requisitos existen para acceder a ellas o cuál es realmente la cantidad que se percibe. La realidad suele ser mucho más compleja y, en muchos casos, esas ayudas apenas permiten subsistir.
Por todo ello, sigo preguntándome hasta qué punto muchas de estas actitudes nacen realmente del rechazo personal o si, en parte, responden a corrientes de opinión que se ponen de moda en determinados momentos. Quiero pensar que es lo segundo.
Afortunadamente, mi experiencia personal me ha demostrado también el lado contrario: la capacidad que tenemos las personas de entendernos, de convivir y de construir vínculos más allá del origen, la religión o la cultura. A lo largo de mi vida he tenido la suerte de conocer y de querer a personas de distintas nacionalidades y creencias, y eso me ha recordado una y otra vez algo bastante simple: antes que cualquier etiqueta, todos somos personas.
En mi caso, familia materna exiliada de Cuba a España y Estados Unidos.
Sabemos bien cómo funciona el rechazo al inmigrante y puedo decir que -aun habiendo un pequeño porcentaje de retrasados que odian por color de piel o fisionomía-, el rechazo está principalmente dirigido a los que vienen:
-De forma ILEGAL.
-A vivir del sistema ayudas.
-Con la idea de NO currar o aportar.
-Con la idea de imponer su cultura de mierda sobre la de aquí.
Las 2 últimas son las que más preocupan...
Porque hay gente que entra de forma ilegal, pero logra regularizarse porque se convierte en una fuerza de aporte al país y venían huyendo de sistemas de mierda (generalmente socialistas y comunistas) y hay gente que entra de forma LEGAL -visados de curro etc.- que al aportar, tienen derecho a acceder al sistema de ayudas si lo desean y/o si se quedan aquí.

El parásito que entra ILEGAL, para chupar del bote, robar, violarte a la hija en manada y que encima con tus impuestos le pagas ayudas, pies mira, NO. De vuelta a su puto estercolero.
tienen que culpar de los problemas... la formula les lleva funcionando eones... la culpa es del mas pobre...
Evidentemente NO. La idea que tenéis de intentar decir que se culpa al pobre y tener otro generador de carnets de "fachas" o decir que "es de derechas, ergo odia la inmigración" gripó hace tiempo.
Porque bien que os toca la polla la inmigración latina en Madrid que viene largandose de los cagarros bananeros socialistas y comunistas, votando a dos manos a Ayuso y proclamando que por favor España NO caiga en gobiernos de izquierdas porque se va a tomar por el culo.
 
En mi caso, familia materna exiliada de Cuba a España y Estados Unidos.
Sabemos bien cómo funciona el rechazo al inmigrante y puedo decir que -aun habiendo un pequeño porcentaje de retrasados que odian por color de piel o fisionomía-, el rechazo está principalmente dirigido a los que vienen:
-De forma ILEGAL.
-A vivir del sistema ayudas.
-Con la idea de NO currar o aportar.
-Con la idea de imponer su cultura de mierda sobre la de aquí.
Las 2 últimas son las que más preocupan...
Porque hay gente que entra de forma ilegal, pero logra regularizarse porque se convierte en una fuerza de aporte al país y venían huyendo de sistemas de mierda (generalmente socialistas y comunistas) y hay gente que entra de forma LEGAL -visados de curro etc.- que al aportar, tienen derecho a acceder al sistema de ayudas si lo desean y/o si se quedan aquí.

El parásito que entra ILEGAL, para chupar del bote, robar, violarte a la hija en manada y que encima con tus impuestos le pagas ayudas, pies mira, NO. De vuelta a su puto estercolero.

Evidentemente NO. La idea que tenéis de intentar decir que se culpa al pobre y tener otro generador de carnets de "fachas" o decir que "es de derechas, ergo odia la inmigración" gripó hace tiempo.
Porque bien que os toca la polla la inmigración latina en Madrid que viene largandose de los cagarros bananeros socialistas y comunistas, votando a dos manos a Ayuso y proclamando que por favor España NO caiga en gobiernos de izquierdas porque se va a tomar por el culo.

El problema está en la puta generalización que se hace sobre cualquier cosa que no sea autóctona, y por todos lados eh. Esto no va de fachas contra la gente de bien :palomitas:
 
No es mi idea la de convencer a nadie, solo exponer lo que pienso y reflexiono 😉
Igual, es demasiado tocho, dudo que sea leído 😂
Si demasiado tocho y el discurso no cuela yo cada día más racista soy ,solo tengo que ir a la calle y evitar que un colombiano o moro me robe ,tengo que ir enlatado con panchitos en el metro vendiendo dulces o cantando canciones de alabanzas a Dios ,todo es una puta mierda y la inmigración es un puto cáncer que lo ha jodido todo hasta negocios emblemáticos sustituidos por tiendas de pakistanies de .mierda
 
Los sábados ahora a la madrugada hay una banda de latinos que se dedican a robar a saco a cualquier pasajero que no vaya atento hay zonas de Barna que son un peligro en cuanto se hace de noche hay transbordos de metro se son peligrosos hasta coger el ascensor ,todo Dios va con capucha y sudadera dentro de los andenes es como vivir en la selva
 
Si demasiado tocho y el discurso no cuela yo cada día más racista soy ,solo tengo que ir a la calle y evitar que un colombiano o moro me robe ,tengo que ir enlatado con panchitos en el metro vendiendo dulces o cantando canciones de alabanzas a Dios ,todo es una puta mierda y la inmigración es un puto cáncer que lo ha jodido todo hasta negocios emblemáticos sustituidos por tiendas de pakistanies de .mierda
Ya jefe, pero de haber dos andenes en los que esperar el metro que va en la dirección que quieres, si uno es de panchos, y otro es de moros,
¿A que coges el de panchos?
Vamos, me juego el cojon izquierdo y no lo pierdo. :sisi1:
 
Confundir sentido común con xenofobia, es un buen ejercicio de demagogia.

A buena parte de España se la sopla el origen y raza de los demás, porque como bien dices hemos sido y somos un país de emigrantes.

Es más, dentro de nuestras fronteras tenemos culturas muy diferentes, y a no ser cuando se ha metido la política por medio (y el abuso) conviven sin ningún problema.

De ahí, a que esto sea una barra libre de delincuencia, ayudas estatales y eliminación de nuestros usos y costumbres para que el que venga lo tenga de color de rosa, hay un trecho.

Peeero, entiendo que es un discurso que se vende solo.
No confundo sentido común con xenofobia. Precisamente mi reflexión iba contra las generalizaciones.
Solo señalaba una contradicción que a veces aparece: venimos de un país donde muchísimas familias emigraron para buscarse la vida, y aun así a veces miramos la inmigración únicamente desde el prejuicio.
Se pueden debatir problemas reales (delincuencia, ayudas, convivencia) pero sin olvidar que la mayoría de la gente que llega hace exactamente lo mismo que hicieron nuestros padres o abuelos en otros países: trabajar y salir adelante.
 
Ya jefe, pero de haber dos andenes en los que esperar el metro que va en la dirección que quieres, si uno es de panchos, y otro es de moros,
¿A que coges el de panchos?
Vamos, me juego el cojon izquierdo y no lo pierdo. :sisi1:
Para mí son los dos la misma mierda ,sio veo cada día joder ,latinos robando al descuido en un puto Macdonald o sino moros en otro lado son la misma mierda ,si pueden los dos te la meten doblada y después están las rumanas y demás especímenes si aquí tenemos de todo gracias a nuestros queridos políticos que se preocupan tanto de acogerlos
 
En mi caso, familia materna exiliada de Cuba a España y Estados Unidos.
Sabemos bien cómo funciona el rechazo al inmigrante y puedo decir que -aun habiendo un pequeño porcentaje de retrasados que odian por color de piel o fisionomía-, el rechazo está principalmente dirigido a los que vienen:
-De forma ILEGAL.
-A vivir del sistema ayudas.
-Con la idea de NO currar o aportar.
-Con la idea de imponer su cultura de mierda sobre la de aquí.
Las 2 últimas son las que más preocupan...
Porque hay gente que entra de forma ilegal, pero logra regularizarse porque se convierte en una fuerza de aporte al país y venían huyendo de sistemas de mierda (generalmente socialistas y comunistas) y hay gente que entra de forma LEGAL -visados de curro etc.- que al aportar, tienen derecho a acceder al sistema de ayudas si lo desean y/o si se quedan aquí.

El parásito que entra ILEGAL, para chupar del bote, robar, violarte a la hija en manada y que encima con tus impuestos le pagas ayudas, pies mira, NO. De vuelta a su puto estercolero.

Evidentemente NO. La idea que tenéis de intentar decir que se culpa al pobre y tener otro generador de carnets de "fachas" o decir que "es de derechas, ergo odia la inmigración" gripó hace tiempo.
Porque bien que os toca la polla la inmigración latina en Madrid que viene largandose de los cagarros bananeros socialistas y comunistas, votando a dos manos a Ayuso y proclamando que por favor España NO caiga en gobiernos de izquierdas porque se va a tomar por el culo.
Creo que en realidad estamos mezclando dos debates distintos. Si el problema es la delincuencia o el abuso de ayudas públicas, entonces el problema es la delincuencia y el fraude, y eso debe perseguirse siempre con la ley, independientemente de quién lo cometa.
Pero eso no convierte automáticamente a toda la inmigración en un problema. Igual que no juzgamos a todo un país por los delitos que comete una minoría de sus ciudadanos, tampoco tiene mucho sentido hacerlo con millones de personas que simplemente han venido a trabajar o a buscar una vida mejor.
Al final, muchos de los que hoy viven aquí como inmigrantes están haciendo exactamente lo mismo que hicieron en su día millones de españoles fuera: intentar salir adelante.
 
Si demasiado tocho y el discurso no cuela yo cada día más racista soy ,solo tengo que ir a la calle y evitar que un colombiano o moro me robe ,tengo que ir enlatado con panchitos en el metro vendiendo dulces o cantando canciones de alabanzas a Dios ,todo es una puta mierda y la inmigración es un puto cáncer que lo ha jodido todo hasta negocios emblemáticos sustituidos por tiendas de pakistanies de .mierda
Joder !!! que no es un discurso, es una puta reflexión !
 
Ya jefe, pero de haber dos andenes en los que esperar el metro que va en la dirección que quieres, si uno es de panchos, y otro es de moros,
¿A que coges el de panchos?
Vamos, me juego el cojon izquierdo y no lo pierdo. :sisi1:
Ya ve usted .
Yo me iría con los panchos . A veces te obligan a escoger bando .
 
No confundo sentido común con xenofobia. Precisamente mi reflexión iba contra las generalizaciones.
Solo señalaba una contradicción que a veces aparece: venimos de un país donde muchísimas familias emigraron para buscarse la vida, y aun así a veces miramos la inmigración únicamente desde el prejuicio.
Se pueden debatir problemas reales (delincuencia, ayudas, convivencia) pero sin olvidar que la mayoría de la gente que llega hace exactamente lo mismo que hicieron nuestros padres o abuelos en otros países: trabajar y salir adelante.
Discrepo.

Nuestros padres y abuelos salían a trabajar, de forma legal y aceptando las costumbres del lugar a dónde iban (no confundir con perder la identidad).

No contribuyeron a aumentar la tasa de delitos ni de violaciones.

Ahora mismo están entrando hordas de indocumentados de forma indiscriminada.

Repito, no es xenofobia, es proteger tus derechos y libertades.
 
Muy bien pasasela a Sánchez que hará buen uso de como exterminar el hombre blanco europeo
Píllate un patinete 🛴 y te evitas el mezclarte con esa escoria que seguramente usa el transporte público para hacer turismo 😉
 
Píllate un patinete 🛴 y te evitas el mezclarte con esa escoria que seguramente usa el transporte público para hacer turismo 😉
Si podría ir en patinete con sudadera y capucha y achran velocidad intentar atropellar algún transeúnte de esos al descuido si iría bien
 
La reflexión que origina el debate es correcta .
Pero hay fenómenos que no podemos ignorar en base a la experiencia .

Yo pertenezco al colectivo que protagonizaba la delincuencia en Barcelona , España , en los años setenta del siglo veinte .
Eso es historia , estadística , y eso lo veía yo con mis ojos .

El que yo , a título personal , no estuviera involucrado en actos delictivos , y realmente , la mayoría no lo estaba , pero los que estaban ocupaban el grueso de los delitos . Se lo puede uno tomar como quiera .

Y luego , volviendo a nuestra época actual , pues es muy parecido .
No hay posibilidad de adaptación para todos , a lo que hay que sumar los que no tienen ninguna intención de hacerlo .
 
El problema que el inmigrante currante y cumplidor es invisible, al que vemos es al del top manta, al que roba, al que la lía ....
En definitiva son muchos los que no se adaptan y dan voz, lamentablemente, al resto de inmigrantes.
 
Durante la posguerra muchos españoles abandonaron el campo y buscaban un futuro mejor en el norte.
Para ir a alemania, debieron ir con un contrato de trabajo,al llegar allí pasaron un tribunal medico y a la mas mínima sospecha de debilidad o posible enfermedad eran devueltos a sus países.
Los que pasaron la criba y consiguieron quedarse,a base de trabajo y años,aprendiendo el idioma,tuvieron un buen futuro ganado con trabajo e integración.
Podéis contar vuestras milongas a los ignorantes que os escuchen.
 
Siempre me ha generado curiosidad entender por qué el ser humano puede llegar a ser racista o xenófobo. Me pregunto si es por miedo, por ignorancia o por alguna otra razón más profunda. Me resulta difícil comprender que alguien pueda juzgar a otra persona por su color de piel, por su origen, por su religión o por su ideología política, en lugar de valorar lo que esa persona es capaz de aportar a la sociedad.
En mi caso, provengo de Galicia, una tierra marcada profundamente por la emigración. Es difícil encontrar una familia gallega que no tenga en su historia a algún abuelo, tío o bisabuelo que haya tenido que marcharse a otro país en busca de oportunidades. Durante generaciones, muchas personas tuvieron que dejar su hogar por pura necesidad, porque en su tierra no había otra forma de salir adelante.
Por eso me sorprende especialmente escuchar discursos racistas o xenófobos en un país como España, que históricamente ha sido un país emigrante. Hoy en día seguimos emigrando, aunque en muchos casos por razones diferentes: ya no siempre por pura supervivencia, sino porque muchos jóvenes formados se marchan a ejercer su profesión y a aportar su talento en otros lugares del mundo.
Existe además una contradicción evidente. Cuando nosotros emigramos, solemos pensar que vamos a trabajar, a esforzarnos y a contribuir al progreso del país que nos acoge. Sin embargo, cuando otras personas llegan al nuestro buscando exactamente lo mismo, con frecuencia se les mira con desconfianza o se les acusa de aprovecharse del sistema. Esa doble vara de medir resulta difícil de entender.
También me llama la atención la idea de la “pureza”, ya sea racial o nacional. Si uno revisa con un mínimo de honestidad cualquier árbol genealógico, lo más probable es que encuentre mezclas, migraciones y desplazamientos. La historia de la humanidad es, en gran medida, una historia de movimientos y mestizaje.
Además, creo que cualquier persona que haya tenido un poco de mundo —y con esto no me refiero necesariamente a emigrar a otro continente— sabe que salir del lugar donde uno ha crecido cambia la perspectiva. Incluso dentro del mismo país las diferencias culturales existen. No es lo mismo crecer en Galicia que en Andalucía, por ejemplo, y a veces incluso dentro de esas diferencias pueden aparecer pequeños prejuicios o estereotipos.
Yo mismo he tenido la oportunidad de vivir en otros países. Emigrar nunca es fácil. Tiene una parte de ilusión, pero también de dolor. Uno deja atrás su entorno, su familia y sus costumbres. Aunque no haya una discriminación abierta, siempre existe la sensación de ser un poco extranjero, un poco forastero.
Por eso me sorprende especialmente cuando las ideas racistas o xenófobas vienen precisamente de personas que también han sido emigrantes o cuyos padres lo fueron. En esos casos, la contradicción es todavía más evidente.
Tampoco creo que el racismo o la xenofobia puedan atribuirse de manera automática a una ideología política concreta. Identificar a la derecha como necesariamente xenófoba o a la izquierda como automáticamente abierta y tolerante me parece una simplificación. Al final, estas actitudes nacen de las personas, no de las etiquetas políticas.
En mi opinión, uno de los factores que más alimenta estos prejuicios es la forma en que a veces se presenta la información en ciertos medios. Muchos discursos sobre inmigración se construyen a partir de datos incompletos, exageraciones o generalizaciones que acaban creando una percepción distorsionada de la realidad.
Si lo pensamos bien, la mayoría de nosotros convivimos a diario con personas inmigrantes. Nos cruzamos con ellas trabajando: atendiendo en comercios, repartiendo, construyendo, limpiando, cuidando o realizando innumerables tareas que forman parte del funcionamiento cotidiano de la sociedad.
También se habla mucho de las ayudas sociales, de las llamadas “paguitas”, como si fueran un privilegio fácil de obtener. Pero pocas veces se explica con claridad qué requisitos existen para acceder a ellas o cuál es realmente la cantidad que se percibe. La realidad suele ser mucho más compleja y, en muchos casos, esas ayudas apenas permiten subsistir.
Por todo ello, sigo preguntándome hasta qué punto muchas de estas actitudes nacen realmente del rechazo personal o si, en parte, responden a corrientes de opinión que se ponen de moda en determinados momentos. Quiero pensar que es lo segundo.
Afortunadamente, mi experiencia personal me ha demostrado también el lado contrario: la capacidad que tenemos las personas de entendernos, de convivir y de construir vínculos más allá del origen, la religión o la cultura. A lo largo de mi vida he tenido la suerte de conocer y de querer a personas de distintas nacionalidades y creencias, y eso me ha recordado una y otra vez algo bastante simple: antes que cualquier etiqueta, todos somos personas.
Tu,siendo gallego,conoces de sobra paisanos que emigraron a suiza,alemania o Francia.
Lo que se trata en España en este momento no es racismo y lo sabes de sobra.
 
Tu,siendo gallego,conoces de sobra paisanos que emigraron a suiza,alemania o Francia.
Lo que se trata en España en este momento no es racismo y lo sabes de sobra.
Es sobrevivir como se pueda de eso se trata y cada día está peor y con Sánchez y su banda será la sentencia final de una España que no existe ya
 
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