Karl Marx: El Visionario del Club de la Desilusión Colectiva
¡Ah, Karl Marx! Ese filósofo barbudo de salón londinense que, aburrido de escribir panfletos en la Biblioteca Británica (calentito y con café, por supuesto), decidió que la humanidad necesitaba un proyecto de manual de instrucciones para construir el Paraíso en la Tierra. Su idea estrella, el comunismo, no es sino el más audaz y repetido experimento social de la historia, famoso por su capacidad para generar, con precisión suiza, exactamente lo contrario de lo que prometía.
Marx, con su mirada profética y su ira contra la burguesía, diseñó un sistema tan perfecto que, allí donde se aplicaba, la "dictadura del proletariado" se convertía rápidamente en la dictadura sobre el proletariado, pero con banderas rojas y desfiles militares muy vistosos. Su genialidad consistió en demostrar que, si quieres acabar con la pobreza, lo primero es repartirla de manera absolutamente equitativa entre toda la población. ¡Igualdad ante todo! Incluso ante la escasez.
Los logros del comunismo, obviamente, son tan numerosos que cuesta enumerarlos sin lágrimas de emoción. Por ejemplo:
· Abolición exitosa de la propiedad privada: ¡Y de la propiedad a secas! ¿Para qué necesita un ciudadano una casa propia si el Estado (es decir, el Partido) puede proporcionarle un apartamento comunitario de 30 m², compartido con otras dos familias? Es la utopía vecinal hecha realidad.
· Eliminación de las clases sociales: Se sustituyeron por una elegante y sencilla jerarquía de dos niveles: los que tienen el carnet del Partido (y acceso a tiendas especiales, dachas y hospitales suizos) y los que hacen cola para el pan. Una simplicidad envidiable.
· Revolución industrial acelerada: Quemar tantos campos y desmantelar tantas fábricas en nombre de la colectivización es, sin duda, una forma radical (y efectiva) de "superar" los modos de producción capitalistas. ¿Quién necesita granos cuando tienes consignas?
· Innovación en el sector servicios: Creó el puesto de trabajo "planificador económico", un empleo donde tu éxito se mide por tu capacidad para ignorar la realidad y superar cuotas de producción imaginarias. También inventó la "cola" como actividad lúdica y social, fomentando el compañerismo entre ciudadanos que pasan horas esperando un par de zapatos del número 43 (hoy solo hay del 38, vuelva mañana).
· Exportación de la prosperidad: Allí donde la hoz y el martil ondearon con más orgullo –de Camboya a Corea del Norte, de Etiopía a Venezuela– floreció un jardín de abundancia… de pobreza, censura y estatuas gigantes del líder de turno. Es el "toque Midas" inverso: todo lo que toca se convierte en miseria, pero con un discurso muy bonito sobre la justicia.
En definitiva, el comunismo es esa brillante teoría que, cada vez que se pone en práctica, ofrece una lección magistral de cómo una idea puede ser tan seductora en el papel y tan catastrófica en la ejecución. Su legado perdurable no son sociedades libres y opulentas, sino museos de la escasez, muros derribados y generaciones que aprendieron que "paraíso de los trabajadores" suele ser un eufemismo para "fábrica cerrada y cartilla de racionamiento".
Marx, sin duda, se sentiría muy orgulloso. O quizás escribiría un panfleto furibundo desde su tumba, explicando que esta vez no se aplicó bien su teoría. Siempre hay que intentarlo una vez más, ¿no? La enésima es la vencida. ¡Proletarios del mundo, perdonadnos!