Baltar
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Buenas noches, shurs.
Este hilo pretende ser un ensayo sobre algo que pondré en práctica en la vida real, así que pillad asiento. No hace falta tomar apuntes, sólo conversar sobre dónde estamos y hacia donde vamos.
Vaya por delante que la política se me da fatal. La encuentro curiosa, es verdad, pero necesito darle una vuelta desde coordenadas filosóficas para encontrarla coherente.
No sé si conocéis a este tipo, Roger Scruton. Y seguramente no os sorprenderá que sea un filósofo que me guste mucho, porque aunque nos dejó en el 2020 antes de que saltase la pandemia, también nos entregó la clave para sobrevivir, reposicionarnos y eventualmente liquidar la hegemonía cultural.
"Pare el carro, profe, ¿de qué nos habla?"
Sí, bueno... Comencemos por la sensación general actual. ¿Qué sentimos? Pues que se vienen vientos de cambio como dice la canción de Scorpions. Un pendulazo que anunciaría una victoria del supuesto sentido común al que tendemos a volver. Pero Scruton nos propone no ser gilipollas.
El problema de Gramsci
A principios del siglo XX hubo -no una-, varias revueltas y guerras en las que tiranos como Lenin vieron cumplida su visión de control total y sometimiento de la población por medio de la fuerza. Sin embargo, ¿qué ocurrió cuando los "rojos OG" intentaron tirar hacia el oeste de Europa? Que el método de Lenin no funcionó, porque se da la circunstancia de que cuando intentas someter a una población fuerte en tradiciones, valores estables y códigos culturales, se generan respuestas violentas (resurgen héroes que luchan contra el tirano y todo eso...)
Entonces viene Gramsci haciendo la pregunta correcta: "¿Cómo sometes a una población así?"
Pues invirtiendo la estrategia.
Lenin podía pensar que talando el árbol metiendo hachazos al tronco lo podías quitar, pero si las raíces eran fuertes el árbol vuelve a surgir. Gramsci propuso "joder las raíces", envenenarlas para que la propia estructura del árbol se viniera abajo. Y la herramienta para ello es justo la que hemos dicho: la hegemonía cultural.
Él la teorizó, pero no pudo verla aplicada en vida. Durante la segunda mitad del siglo XX la izquierda lo hizo por él.
"¿Y la teoría es...?"
Captura las instituciones académicas: sistema educativo, universidades.
Infiltra los medios de comunicación.
Coloniza el mundo artístico y cultural.
¿El objetivo? Hacerse con el marco moral de la civilización. Redefinir qué se considera ético, respetable o avanzado.
En palabras del propio Gramsci: "Quien domina la cultura no tiene que ganar elecciones, porque ya prepara el terreno y establece los límites de lo pensable."
Y sí, aunque durante la edad dorada de los 90 pareciese que políticos conservadores se llevaban el gato al agua en política, las universidades ya estaban infiltradas por profes marxistas, los cineastas ya estaban produciendo películas con el objetivo de que la población se avergonzara de sus orígenes, sus caminos espirituales, sus valores familiares, o de su ejercicio del capitalismo para hacer crecer sus hogares.
En definitiva, GANARON.
Durante la primera parte del siglo XXI ha sido rarísimo ver a académicos e intelectuales expresarse sin miedo en términos conservadores, ya que la estrategia fundamental que utiliza la hegemonía cultural se basa en la destrucción de la alternativa por medio de la cancelación, la negación del debate y el señalamiento en lo moral; y la gente tanto conservadora como alejada de la política en general, no fueron capaces de ver que les estaban invadiendo la mente, las raíces de donde venían... Nada había más aterrador para pensadores y académicos que el señalamiento público.
En España, esto empezamos a verlo a partir del 2018, gracias a lo cuál pudimos hacer un primer desnudado de los nidos de pensamiento de la universidades públicas (tipo UCM, la tropa podemita, etc...), y cómo habían escogido los temas a partir de los cuáles aplicar el método de Gramsci para inducir culpa moral en la población (feminismo, ecologismo, veganismo, bullshit woke variada...). Fue una "operación de laboratorio" casi. Pero lo bonito de esto es, que como nunca logramos entender cómo es capaz de reaccionar el ser humano, todo acaba teniendo un final, un cierre de ciclo...
Algo que no soporta un intelectual de izquierdas, es pensar que puede no ser el más listo del tablero. Y al no contemplar la posibilidad de que un Pedro Sánchez te de un abrazo y te susurre al oído: "Sé vicepresidente conmigo, que lo vamos a petar" jugando con tu ego y tu vanidad y haciéndote creer que vas a poder aprovecharte de esa posición que te cede para él ser presidente, suceden cosas aún más divertidas. Como por ejemplo, que todo el trabajo gramsciano que te curraste en la uni con tus colegones mientras te follabas alumnas, te lo roba alguien con un tipo de inteligencia mucho más práctica en política.
Y así fue cómo en España, la toxina gramsciana cambió de sembrador y continuó de la mano de un presidente dispuesto a lo que hiciera falta para no moverse de la Moncloa.
La Solución de Scruton
Scruton es aquí donde se la saca fuerte antes de morir.
Consigue demostrar que ni la estrategia de Lenin (fuerza), ni la de Gramsci (infección silenciosa de la raíz de la civilización), es sostenible en el tiempo. El propio Antonio Escohotado comienza a recordar eso tan simple y bonito como que "la verdad se impone sola, solo la mentira necesita esfuerzo estatal para mantenerse". Y entendemos el doble filo de la herramienta gramsciana. Es decir, el mismo cadalso que levantas para condenar públicamente a tu rival, puede ser usado por los tuyos para cortarte a ti la cabeza. El problema es, que llevamos muchísimos años con las instituciones que siembran el pensamiento colonizadas por estos indeseables, y recuperarnos va a llevar muchísimo tiempo (aunque gobiernen próximamente PP y/o Vox).
Al menos tenemos varios puntos sobre los que podemos trabajar con Scruton. Nos hemos vacunado ya contra la toxina gramsciana. Él lo vio hacia adelante, es decir, "que esa vacuna contra lo woke y los idiotas que señalan con el dedito llegaría sí o sí". En 2019 ya éramos más conscientes y pudimos ponerle nombres como: "guerra cultural" (aunque no es un término que me convenza demasiado)
Scruton propone NO HACER LA CONTRA con la misma herramienta de Gramsci (cosa que algunos grupos de derecha están intentando hacer), porque no es perdurable en el tiempo. En su lugar, el antídoto deseable pasa por: recuperar lo estético de las cosas, la belleza como herramienta de resistencia, detectar la logorrea que muchos individuos piensan que los cubre de intelectualidad o virtud y NO confrontarlos (ignorar, hacerles ostracismo intelectual), defender la cultura heredada (tradición, lo occidental, familia, iglesia, asociaciones cívicas, comunidades vecinales y su sentido de pertenencia...)
-Montar iniciativas privadas de educación (nuevas escuelas y nuevas universidades) dejando que las públicas actuales sigan cayendo como lo están haciendo.
O lo que sería un resumen de "cómo actuar" en el día a día:
Menciones randómicas:
@Gnomo @TheMadChivo @Lockhart Flawse @SuperRat @Rey de oros @shurmanos @Squall @alubiapinta @Volga @Gran Joe @AlfredoJcuak @Tonald Drump @Themis @bokeron @INVICTO @Viuda Negra
Y llamada a debate de chill.
Este hilo pretende ser un ensayo sobre algo que pondré en práctica en la vida real, así que pillad asiento. No hace falta tomar apuntes, sólo conversar sobre dónde estamos y hacia donde vamos.
"Pare el carro, profe, ¿de qué nos habla?"

Sí, bueno... Comencemos por la sensación general actual. ¿Qué sentimos? Pues que se vienen vientos de cambio como dice la canción de Scorpions. Un pendulazo que anunciaría una victoria del supuesto sentido común al que tendemos a volver. Pero Scruton nos propone no ser gilipollas.
El problema de Gramsci
A principios del siglo XX hubo -no una-, varias revueltas y guerras en las que tiranos como Lenin vieron cumplida su visión de control total y sometimiento de la población por medio de la fuerza. Sin embargo, ¿qué ocurrió cuando los "rojos OG" intentaron tirar hacia el oeste de Europa? Que el método de Lenin no funcionó, porque se da la circunstancia de que cuando intentas someter a una población fuerte en tradiciones, valores estables y códigos culturales, se generan respuestas violentas (resurgen héroes que luchan contra el tirano y todo eso...)

Entonces viene Gramsci haciendo la pregunta correcta: "¿Cómo sometes a una población así?"

Pues invirtiendo la estrategia.
Lenin podía pensar que talando el árbol metiendo hachazos al tronco lo podías quitar, pero si las raíces eran fuertes el árbol vuelve a surgir. Gramsci propuso "joder las raíces", envenenarlas para que la propia estructura del árbol se viniera abajo. Y la herramienta para ello es justo la que hemos dicho: la hegemonía cultural.
Él la teorizó, pero no pudo verla aplicada en vida. Durante la segunda mitad del siglo XX la izquierda lo hizo por él.
"¿Y la teoría es...?"

Captura las instituciones académicas: sistema educativo, universidades.
Infiltra los medios de comunicación.
Coloniza el mundo artístico y cultural.
¿El objetivo? Hacerse con el marco moral de la civilización. Redefinir qué se considera ético, respetable o avanzado.
En palabras del propio Gramsci: "Quien domina la cultura no tiene que ganar elecciones, porque ya prepara el terreno y establece los límites de lo pensable."

Y sí, aunque durante la edad dorada de los 90 pareciese que políticos conservadores se llevaban el gato al agua en política, las universidades ya estaban infiltradas por profes marxistas, los cineastas ya estaban produciendo películas con el objetivo de que la población se avergonzara de sus orígenes, sus caminos espirituales, sus valores familiares, o de su ejercicio del capitalismo para hacer crecer sus hogares.
En definitiva, GANARON.
En España, esto empezamos a verlo a partir del 2018, gracias a lo cuál pudimos hacer un primer desnudado de los nidos de pensamiento de la universidades públicas (tipo UCM, la tropa podemita, etc...), y cómo habían escogido los temas a partir de los cuáles aplicar el método de Gramsci para inducir culpa moral en la población (feminismo, ecologismo, veganismo, bullshit woke variada...). Fue una "operación de laboratorio" casi. Pero lo bonito de esto es, que como nunca logramos entender cómo es capaz de reaccionar el ser humano, todo acaba teniendo un final, un cierre de ciclo...
Algo que no soporta un intelectual de izquierdas, es pensar que puede no ser el más listo del tablero. Y al no contemplar la posibilidad de que un Pedro Sánchez te de un abrazo y te susurre al oído: "Sé vicepresidente conmigo, que lo vamos a petar" jugando con tu ego y tu vanidad y haciéndote creer que vas a poder aprovecharte de esa posición que te cede para él ser presidente, suceden cosas aún más divertidas. Como por ejemplo, que todo el trabajo gramsciano que te curraste en la uni con tus colegones mientras te follabas alumnas, te lo roba alguien con un tipo de inteligencia mucho más práctica en política.

Y así fue cómo en España, la toxina gramsciana cambió de sembrador y continuó de la mano de un presidente dispuesto a lo que hiciera falta para no moverse de la Moncloa.
La Solución de Scruton
Scruton es aquí donde se la saca fuerte antes de morir.
Consigue demostrar que ni la estrategia de Lenin (fuerza), ni la de Gramsci (infección silenciosa de la raíz de la civilización), es sostenible en el tiempo. El propio Antonio Escohotado comienza a recordar eso tan simple y bonito como que "la verdad se impone sola, solo la mentira necesita esfuerzo estatal para mantenerse". Y entendemos el doble filo de la herramienta gramsciana. Es decir, el mismo cadalso que levantas para condenar públicamente a tu rival, puede ser usado por los tuyos para cortarte a ti la cabeza. El problema es, que llevamos muchísimos años con las instituciones que siembran el pensamiento colonizadas por estos indeseables, y recuperarnos va a llevar muchísimo tiempo (aunque gobiernen próximamente PP y/o Vox).
Al menos tenemos varios puntos sobre los que podemos trabajar con Scruton. Nos hemos vacunado ya contra la toxina gramsciana. Él lo vio hacia adelante, es decir, "que esa vacuna contra lo woke y los idiotas que señalan con el dedito llegaría sí o sí". En 2019 ya éramos más conscientes y pudimos ponerle nombres como: "guerra cultural" (aunque no es un término que me convenza demasiado)
Scruton propone NO HACER LA CONTRA con la misma herramienta de Gramsci (cosa que algunos grupos de derecha están intentando hacer), porque no es perdurable en el tiempo. En su lugar, el antídoto deseable pasa por: recuperar lo estético de las cosas, la belleza como herramienta de resistencia, detectar la logorrea que muchos individuos piensan que los cubre de intelectualidad o virtud y NO confrontarlos (ignorar, hacerles ostracismo intelectual), defender la cultura heredada (tradición, lo occidental, familia, iglesia, asociaciones cívicas, comunidades vecinales y su sentido de pertenencia...)
-Montar iniciativas privadas de educación (nuevas escuelas y nuevas universidades) dejando que las públicas actuales sigan cayendo como lo están haciendo.
O lo que sería un resumen de "cómo actuar" en el día a día:
- No (re)conquistar la cultura, simplemente habitarla. Y si creas cultura, NO introduzcas sesgo político contrario.
- No politizarlo todo y despolitizar las esferas privadas de las personas. No seas un cuñado más o el sobrino que hace que a su tía charo se le atragante una pasa del panetone. Sonríe y considera victoria ser el que menos palabras haya pronunciado en la cena de Navidad o Año Nuevo. No te proyectes. Logra que te perciban siempre como alguien no hábil, o poco reflexivo.
- Recupera clásicos en lecturas, música, cine y ocio.
- No fabricar consensos, sino transmitir herencia de forma natural.
- No vencer al adversario a cualquier precio, sino preservar aquello que merece sobrevivir.
Menciones randómicas:
@Gnomo @TheMadChivo @Lockhart Flawse @SuperRat @Rey de oros @shurmanos @Squall @alubiapinta @Volga @Gran Joe @AlfredoJcuak @Tonald Drump @Themis @bokeron @INVICTO @Viuda Negra
Y llamada a debate de chill.
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