¡Atención, amantes del misterio y lo inexplicable!
He estado investigando sobre las famosas Pirámides de Güímar y me he topado con una leyenda local que pone los pelos de punta. No se trata solo de las formaciones escalonadas, sino de lo que se esconde en el cercano Barranco de Badajoz, un lugar que, dicen, es un portal a otro tiempo.
Aquí os dejo la historia, tal como se cuenta entre los viejos del lugar. Juzgad vosotros mismos si es solo un cuento o si hay algo más en el aire de Tenerife.
El Enigma de la Niña de las Peras
A finales del siglo XIX, en el tranquilo pueblo de Güímar, vivía una familia humilde. Un día, el padre envió a su hija, una niña de no más de diez años, al Barranco de Badajoz a recoger unas peras que crecían en un árbol silvestre. La niña, con su cesta al brazo, se adentró en el barranco, un lugar ya de por sí imponente, con sus paredes verticales y sus galerías de agua que se internan en la montaña.
La niña llegó al peral, pero el sol de la tarde y el cansancio la vencieron. Se recostó un momento a la sombra y, sin querer, se quedó dormida.
Al despertar, no sintió miedo, sino una extraña paz. Ante ella, se erguía una figura alta, vestida completamente de blanco, con una luz suave que parecía emanar de su propio cuerpo. El ser, con una voz que resonaba en su mente más que en sus oídos, la invitó a acompañarle.
Sin dudarlo, la niña siguió a su guía. El ser la condujo a una cueva oculta, una de las muchas que horadan el barranco. En su interior, la niña vio algo que desafiaba toda lógica: unas escaleras perfectamente talladas que descendían hacia la oscuridad. Bajaron por ellas hasta llegar a un lugar que la niña solo pudo describir como un jardín subterráneo, un espacio iluminado por una luz que no era ni sol ni luna, donde otros seres como su guía se movían con gracia.
La niña, fascinada, pasó lo que para ella fueron solo unos minutos, charlando y jugando con los seres de blanco. Cuando su guía le indicó que era hora de volver, ella asintió, pensando que sus padres apenas habrían notado su ausencia.
El ser la acompañó de vuelta a la boca de la cueva y se despidió con una sonrisa luminosa. La niña salió del barranco y corrió a su casa, esperando el regaño por su tardanza.
Pero al llegar, la casa era la misma, pero todo lo demás había cambiado. Sus padres, que abrieron la puerta, no eran los que recordaba. Eran dos ancianos, con el rostro surcado de arrugas y los ojos llenos de una tristeza antigua.
La niña, con su vestido intacto y su aspecto de diez años, no entendía. Para ella, solo había pasado un rato. Para el mundo exterior, habían transcurrido veinte años.
La leyenda cuenta que la niña, la “Niña de las Peras”, nunca envejeció. Su encuentro con el ser de blanco y su viaje al jardín subterráneo la habían sacado del flujo normal del tiempo.
El Vínculo con las Pirámides
¿Qué tiene que ver esto con las Pirámides de Güímar?
El Barranco de Badajoz está justo al lado. Los teóricos del misterio sugieren que las pirámides, con su orientación astronómica y su diseño enigmático, no son solo un capricho arqueológico. Podrían ser un marcador, un punto de referencia para algo mucho más grande.
El ser de blanco, la cueva, la dilatación del tiempo… todo apunta a un fenómeno que va más allá de nuestra comprensión. ¿Eran los seres de blanco viajeros del tiempo, o quizás seres de otro mundo que utilizan el barranco como un portal? ¿Son las pirámides un nexo de unión entre el mundo terrenal y ese jardín subterráneo?
El misterio sigue abierto. La niña, si es que su historia es cierta, se convirtió en un recordatorio viviente de que en Tenerife, entre barrancos y pirámides, el tiempo no siempre fluye de forma lineal.


