Fenix_ardiente
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Como muchos me habiais pedido, publico la leyenda de la santa compaña. Como no recuerdo bien quienes me lo han pedido este hilo va dedicado a toda mi lista de menciones, pero en especial a mi amiga @darl por ser gallega.
En las profundidades de la noche gallega, cuando la luna se esconde tras un velo de niebla y el aire se congela con el aliento de lo espectral, se manifiesta un fenómeno que hiela la sangre de los vivos: La Santa Compaña. No es una procesión de fe, sino un desfile de la fatalidad, un recordatorio sombrío de la fragilidad de la vida y la ineludible cercanía de la muerte.
La Manifestación del Horror
Este cortejo no se anuncia con campanas, sino con el crujido seco de huesos sobre la tierra húmeda y el lamento ahogado de almas en pena. La Santa Compaña es la reunión de los muertos, aquellos que vagan por la noche, obligados a cumplir una penitencia eterna o a reclamar a los que pronto se unirán a sus filas.
La visión es aterradora. A la cabeza, un espectro, a menudo un vivo bajo un maleficio, porta la Cruz de Guía, hecha de madera carcomida y envuelta en un aura fosforescente. Tras él, una hilera interminable de figuras fantasmales, vestidas con sudarios desgarrados, caminan en silencio sepulcral. Sus rostros son indistinguibles, meras cuencas vacías que reflejan la luz mortecina de las velas que portan. Estas velas, hechas de cera de difunto, no calientan, sino que irradian un frío antinatural que penetra hasta el tuétano.
El propósito de su marcha es doble: por un lado, visitan los hogares donde pronto habrá un deceso, marcando la puerta con el olor a cera quemada y a tierra de cementerio. Por otro, recorren los límites de las parroquias para recordar a los vivos sus deberes con los difuntos y, lo más escalofriante, para reclutar a un nuevo portador de la Cruz.
El Encuentro Fatal
Encontrarse con la Santa Compaña es una sentencia. El desafortunado que se cruza en su camino siente un escalofrío que no es de este mundo. Se dice que la única forma de evitar ser arrastrado a la procesión es no mirar, o, si es demasiado tarde, trazar un círculo en el suelo y recitar una oración de protección.
Si el cortejo te alcanza, el destino es funesto. El portador de la Cruz te la entregará, y a partir de ese momento, tu alma quedará ligada a la procesión. Estarás condenado a vagar cada noche, sin descanso, hasta que encuentres a otra víctima a la que puedas pasarle la carga. Tu cuerpo se consumirá lentamente, tu salud se desvanecerá, y tus ojos se hundirán, reflejando el horror de las noches sin fin.
La leyenda advierte: si escuchas el sonido de una campana lejana o percibes un olor a cera rancia en el viento, no salgas. Cierra las ventanas, reza en silencio y espera a que el cortejo de las ánimas perdidas pase de largo. Porque una vez que has visto la luz de sus velas, la oscuridad de la Santa Compaña te habrá marcado para siempre.
En las profundidades de la noche gallega, cuando la luna se esconde tras un velo de niebla y el aire se congela con el aliento de lo espectral, se manifiesta un fenómeno que hiela la sangre de los vivos: La Santa Compaña. No es una procesión de fe, sino un desfile de la fatalidad, un recordatorio sombrío de la fragilidad de la vida y la ineludible cercanía de la muerte.
La Manifestación del Horror
Este cortejo no se anuncia con campanas, sino con el crujido seco de huesos sobre la tierra húmeda y el lamento ahogado de almas en pena. La Santa Compaña es la reunión de los muertos, aquellos que vagan por la noche, obligados a cumplir una penitencia eterna o a reclamar a los que pronto se unirán a sus filas.
La visión es aterradora. A la cabeza, un espectro, a menudo un vivo bajo un maleficio, porta la Cruz de Guía, hecha de madera carcomida y envuelta en un aura fosforescente. Tras él, una hilera interminable de figuras fantasmales, vestidas con sudarios desgarrados, caminan en silencio sepulcral. Sus rostros son indistinguibles, meras cuencas vacías que reflejan la luz mortecina de las velas que portan. Estas velas, hechas de cera de difunto, no calientan, sino que irradian un frío antinatural que penetra hasta el tuétano.
El propósito de su marcha es doble: por un lado, visitan los hogares donde pronto habrá un deceso, marcando la puerta con el olor a cera quemada y a tierra de cementerio. Por otro, recorren los límites de las parroquias para recordar a los vivos sus deberes con los difuntos y, lo más escalofriante, para reclutar a un nuevo portador de la Cruz.
El Encuentro Fatal
Encontrarse con la Santa Compaña es una sentencia. El desafortunado que se cruza en su camino siente un escalofrío que no es de este mundo. Se dice que la única forma de evitar ser arrastrado a la procesión es no mirar, o, si es demasiado tarde, trazar un círculo en el suelo y recitar una oración de protección.
Si el cortejo te alcanza, el destino es funesto. El portador de la Cruz te la entregará, y a partir de ese momento, tu alma quedará ligada a la procesión. Estarás condenado a vagar cada noche, sin descanso, hasta que encuentres a otra víctima a la que puedas pasarle la carga. Tu cuerpo se consumirá lentamente, tu salud se desvanecerá, y tus ojos se hundirán, reflejando el horror de las noches sin fin.
La leyenda advierte: si escuchas el sonido de una campana lejana o percibes un olor a cera rancia en el viento, no salgas. Cierra las ventanas, reza en silencio y espera a que el cortejo de las ánimas perdidas pase de largo. Porque una vez que has visto la luz de sus velas, la oscuridad de la Santa Compaña te habrá marcado para siempre.
gracias por ponerla!