Agárrate, porque vienen curvas. Martyrs no es una peli cualquiera, es una auténtica patada en el estómago. No es terror “de sustos”, ni gore gratuito porque sí. Esto es puro cine extremo, de esos que no se olvidan aunque quieras.
La historia arranca con Lucie, una chica que de niña escapó de un lugar donde la tuvieron secuestrada y torturada. Años después, convencida de que encontró a los responsables, vuelve junto a su amiga Anna para ajustar cuentas. Hasta aquí piensas: “vale, venganza sangrienta, clásico”. Pero nada, la peli pega un volantazo brutal. Lo que parecía una historia de supervivencia se convierte en algo muchísimo más oscuro: un grupo secreto obsesionado con descubrir qué hay después de la muerte, usando la tortura como “camino a la trascendencia” de la muerte Sí, así de perturbador.
El desarrollo es durísimo. No hay respiro, no hay alivio, no hay ni un segundo para soltar aire. Lo que pasa en pantalla incomoda, asquea y a la vez te deja hipnotizado. Y lo que más acojona no es la sangre, es la frialdad con la que se muestra todo, como si fuese un proceso científico. Ese contraste entre la brutalidad y la calma con la que los villanos lo explican es lo que realmente te remueve.
El final… mira, no te lo voy a detallar, pero es de esos que te dejan en silencio, con cara de “¿qué coño acabo de ver?”. No es un cierre feliz, ni siquiera un cierre que busque consuelo. Es puro nihilismo hecho cine, una bofetada de las que duelen y te acompañan mucho tiempo.
¿Qué tiene de especial? Que no es una peli de terror al uso. Es una experiencia radical que mezcla lo físico con lo filosófico, y por eso muchos la consideran obra maestra dentro del cine extremo.
¿Fácil de ver? Para nada. Es dura, desagradable y emocionalmente agotadora. Si no tienes estómago o no te va el terror más bestia, mejor ni te acerques.
¿Recomendada? Si buscas un reto y quieres ver una de las pelis más perturbadoras de los 2000, sí. Pero si lo tuyo es el terror comercial, huye, porque Martyrs no perdona a nadie.
No pongo imágenes para posibles ojos sensibles
Curiosidades
El director, Pascal Laugier, no quería hacer una peli de terror normal. Él mismo dijo que lo que buscaba era una experiencia “dolorosa” para el espectador, que la gente saliera tocada del cine. Y vaya si lo consiguió.
Se rodó en tan solo 7 semanas, con un presupuesto bastante bajo. Vamos, que no era una superproducción, pero aún así se las apañaron para que pareciera algo mucho más grande.
En su estreno en el Festival de Cannes, hubo gente que se levantó y se salió de la sala a mitad de peli por lo duro que era lo que estaban viendo. Y eso que en Cannes ya están curtidos.
La actriz Mylène Jampanoï (Lucie) y Morjana Alaoui (Anna) lo pasaron bastante mal rodando. No tanto por lo físico (que también), sino por lo mental. Pascal Laugier era de los que apretaba a saco con las emociones y quería que se sintiera real.
En Francia fue muy polémica. Se llevó la calificación más restrictiva, casi como si fuera porno extremo, porque decían que era demasiado sádica. Eso limitó mucho que la gente pudiera verla en cines.
En 2015 hicieron un remake americano, pero… nada que ver. Le quitaron lo crudo, lo incómodo, lo bestia. Vamos, una versión “descafeinada” que no tiene ni la mitad de fuerza que la original.
El final no estaba claro ni siquiera para el director. De hecho, Pascal Laugier siempre dijo que no quería dar respuestas fáciles y que cada espectador sacara lo suyo. Por eso el cierre es tan frío y abierto.
Está considerada una de las pelis que dieron vida al llamado “nuevo extremismo francés”, un grupo de pelis de los 2000 (Inside, Alta tensión, Frontière(s)) que se dedicaron a llevar el terror y el gore a un nivel que rozaba lo insoportable.
