General Cuando la naturaleza llamó… y no pudimos decir que no.

Fenix_ardiente

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¡Hola a todos!

Quiero abrir un hilo para compartir esas historias que, aunque en su momento nos hicieron sudar frío y desear que la tierra nos tragara, ahora podemos recordar con una mezcla de vergüenza y humor. Todos hemos estado ahí: esa sensación inconfundible de que la naturaleza llama, y lo hace en el lugar y momento más inoportuno posible. Y lo peor es que no hay un baño a la vista, o el que hay es simplemente inaceptable, o la urgencia es tal que no hay tiempo para buscar. Y entonces, ocurre lo inevitable.

La idea es compartir esas anécdotas donde, a pesar de nuestros mejores esfuerzos (o la falta de ellos), terminamos defecando en un lugar que definitivamente no era un baño. No hablo de los momentos en los que logramos aguantar, sino de esas batallas perdidas contra nuestro propio cuerpo que resultaron en un

percance. Esas situaciones donde la dignidad se fue por el desagüe (o por donde fuera).

¿Estaban en una reunión importante? ¿En un transporte público abarrotado? ¿En medio de una cita? ¿De compras en una tienda sin baños? ¿En un concierto? ¿De excursión en la montaña? ¿En un coche? ¿En un arbusto? ¡Cualquier situación es válida!

Cuenten sus experiencias: ¿Dónde ocurrió? ¿Cómo lo manejaron? ¿Hubo testigos? ¿Qué fue lo más vergonzoso? ¿Cómo se sintieron después? ¿Qué hicieron para limpiar el desastre (si es que pudieron)? ¿Qué lecciones aprendieron de esa experiencia tan… visceral?

La idea es reírnos un poco de nosotros mismos y de esas situaciones tan humanas y, a menudo, inevitables. ¡Anímense a compartir sus historias más escatológicas y liberadoras!




@Zagaliko
@Lorelei
@Mentalista
@Orca de Mordor
@Volga
@Golosa
@Flor de Tunera
@tuercas
@Rey Demonio Piccolo
 
Mi historia
La parada inesperada del camionero


Como camionero, uno se acostumbra a la carretera, a los horarios impredecibles y a la búsqueda constante de un buen lugar para parar. Pero hay veces que la naturaleza te juega una mala pasada, y no hay área de servicio a la vista, ni siquiera un arcén discreto. Y así fue como me encontré en una de esas situaciones que uno preferiría olvidar.

Era una noche fría de invierno, y llevaba un cargamento urgente que debía entregar al amanecer. Había cenado en un restaurante de carretera con una comida que, en retrospectiva, no fue la mejor elección. A las pocas horas de viaje, mi estómago empezó a rugir con una intensidad que no presagiaba nada bueno. La urgencia crecía a cada kilómetro, y yo, con el camión a toda velocidad por una autovía desierta, empezaba a sentir el pánico.

Miraba los carteles, esperando ver la señal de una gasolinera o un área de descanso, pero nada. Solo oscuridad y kilómetros de campo a ambos lados. El sudor frío me recorría la espalda, y la concentración en la carretera se mezclaba con la desesperación de encontrar una solución. Intenté los trucos de siempre: apretar, respirar hondo, pensar en otra cosa… pero esta vez, la batalla estaba perdida.

Finalmente, no pude más. Vi una pequeña salida sin señalizar, una especie de camino de tierra que se adentraba en un campo. Sin pensarlo dos veces, giré el volante y metí el camión por allí. Las luces del remolque iluminaban un paisaje desolado. Apagué el motor, abrí la puerta y, con la mayor rapidez que mis piernas entumecidas me permitieron, me bajé del camión. La noche era oscura, y el viento helado no ayudaba en absoluto a la situación.

Me alejé unos metros del camión, buscando algo de cobertura entre unos pequeños arbustos secos. No había luna, lo cual agradecí enormemente. Con la vergüenza y la necesidad luchando en mi interior, hice lo que tenía que hacer. Fue un alivio instantáneo, pero también una humillación profunda. El frío, la oscuridad, el viento… todo se combinaba para hacer de ese momento una experiencia inolvidable, en el peor sentido de la palabra.

Después de terminar, me limpié como pude con lo que tenía a mano (siempre llevo papel higiénico en la cabina, por si acaso, pero nunca imaginé usarlo así). Me subí de nuevo al camión, con una sensación de alivio físico, pero con la moral por los suelos. El olor en el aire, a pesar del viento, me recordaba mi

humillación. Arranqué el motor y volví a la autovía, intentando borrar de mi mente lo que acababa de pasar.

Desde entonces, siempre soy mucho más precavido con lo que como en la carretera y, sobre todo, siempre tengo un ojo puesto en las áreas de servicio. Es una de esas historias que uno no cuenta en la barra del bar, pero que forma parte de la vida en la carretera. La dignidad de un camionero a veces se queda en el arcén, o en un campo oscuro, bajo las estrellas.

Así que, ahí lo tienen. Mi contribución a este hilo. Ahora es su turno. ¡No me dejen solo en esto!
 
onbre
cagarme ensima nunka

io me ise un kuesko desos silensiosos pero vien kargadote en una sala del teatro i sike se salio d madre
io me uni a la caza del kulpable para disimular
 
Nada del otro mundo

Así que recuerde, en un portal (lo siento por el que lo encontrará).

Otra en una reunión desconecté la red y con la excusa de ir a ver qué pasaba me fui al baño corriendo
 
Mi historia
La parada inesperada del camionero


Como camionero, uno se acostumbra a la carretera, a los horarios impredecibles y a la búsqueda constante de un buen lugar para parar. Pero hay veces que la naturaleza te juega una mala pasada, y no hay área de servicio a la vista, ni siquiera un arcén discreto. Y así fue como me encontré en una de esas situaciones que uno preferiría olvidar.

Era una noche fría de invierno, y llevaba un cargamento urgente que debía entregar al amanecer. Había cenado en un restaurante de carretera con una comida que, en retrospectiva, no fue la mejor elección. A las pocas horas de viaje, mi estómago empezó a rugir con una intensidad que no presagiaba nada bueno. La urgencia crecía a cada kilómetro, y yo, con el camión a toda velocidad por una autovía desierta, empezaba a sentir el pánico.

Miraba los carteles, esperando ver la señal de una gasolinera o un área de descanso, pero nada. Solo oscuridad y kilómetros de campo a ambos lados. El sudor frío me recorría la espalda, y la concentración en la carretera se mezclaba con la desesperación de encontrar una solución. Intenté los trucos de siempre: apretar, respirar hondo, pensar en otra cosa… pero esta vez, la batalla estaba perdida.

Finalmente, no pude más. Vi una pequeña salida sin señalizar, una especie de camino de tierra que se adentraba en un campo. Sin pensarlo dos veces, giré el volante y metí el camión por allí. Las luces del remolque iluminaban un paisaje desolado. Apagué el motor, abrí la puerta y, con la mayor rapidez que mis piernas entumecidas me permitieron, me bajé del camión. La noche era oscura, y el viento helado no ayudaba en absoluto a la situación.

Me alejé unos metros del camión, buscando algo de cobertura entre unos pequeños arbustos secos. No había luna, lo cual agradecí enormemente. Con la vergüenza y la necesidad luchando en mi interior, hice lo que tenía que hacer. Fue un alivio instantáneo, pero también una humillación profunda. El frío, la oscuridad, el viento… todo se combinaba para hacer de ese momento una experiencia inolvidable, en el peor sentido de la palabra.

Después de terminar, me limpié como pude con lo que tenía a mano (siempre llevo papel higiénico en la cabina, por si acaso, pero nunca imaginé usarlo así). Me subí de nuevo al camión, con una sensación de alivio físico, pero con la moral por los suelos. El olor en el aire, a pesar del viento, me recordaba mi

humillación. Arranqué el motor y volví a la autovía, intentando borrar de mi mente lo que acababa de pasar.

Desde entonces, siempre soy mucho más precavido con lo que como en la carretera y, sobre todo, siempre tengo un ojo puesto en las áreas de servicio. Es una de esas historias que uno no cuenta en la barra del bar, pero que forma parte de la vida en la carretera. La dignidad de un camionero a veces se queda en el arcén, o en un campo oscuro, bajo las estrellas.

Así que, ahí lo tienen. Mi contribución a este hilo. Ahora es su turno. ¡No me dejen solo en esto!
Alguna vez me pasó, mi compañero por aguantar al área de servicio me llamó por el teléfono para pedir que le acercara una muda completa, se lo hizo encima
 
Alguna vez me pasó, mi compañero por aguantar al área de servicio me llamó por el teléfono para pedir que le acercara una muda completa, se lo hizo encima
A un amigo le paso lo mismo. Se lo hizo dentro de un coche.

A mi lo máximo es que apure tanto que en el descampado salió a tanta presión que me salpico el calzado por detrás. Nada que no se pudiera dejar en la hierba restregando las zapatillas.
 
Tengo olivar en seto emparrado al lado de una carretera.

Hubo una época que se juntaron bastantes inspecciones de la CHS con los riegos y la verdad es que recuerdo ir bastante pasado de agua. Había regado más de la cuenta ese año. Justo estaba regando ese olivar.

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Estaba labrando cuando vi un coche que paró y un tío se mete así sin ton ni son por en medio del olivar y dije, "ya está han mandado un técnico y está comprobando lo que estoy regando"

Me acerco con el tractor y empiezo a dar vueltas a ver si lo localizo y cuando lo vi, estaba en plan caganet abonándome una olivera.

Era un representante de no se qué. El hombre vio que no llegaba al pueblo y tuvo que parar. Yo me acojoné por si eran de la confederación pero el pobre hombre debió pensar "puto loco que viene a perseguirme con un tractor solo por estar jiñando aquí"
 
Un dia,viniendo de Albacete tuve que parar cuatro veces con un diarreazo de cuidado y el hogete onfire
 
Una vez de niño, cuando tenía 7 u 8 años.... Fue la vez que peor lo pasé respecto a este tema:

Estaba en el cumpleaños de un compañero de clase, y me dió el apretón. Por desgracia, yo era un niño demasiado introvertido como para decírselo incluso a mí propia madre, y tampoco era capaz de ir al baño en casa ajena (y sigo sin ser capaz en muchas ocasiones).

El caso, es que llegó un punto, donde estaba aislado en una esquina, sin jugar con otros niños, y luchando contra mis esfinteres. Recuerdo aún esa sensación.... Que mal lo pasé.

Mí madre (que no era boba), me insistió en que le dijese lo que me pasaba, pero no le dije ni mú.

Al llegar a casa, me dijo "Venga, a ducharse", pero yo no me quería quitar los pantañones jaja. Al final me los tuve que quitar, y en efecto, mí madre vio que los calzoncillos, estaban para tirarlos.


De más mayor, no me ocurrió ninguna otra anécdota respecto a este tema sinceramente. Lo más que me llegó a pasar, fue una vez en el coche, que se me escapó un pedo con sorpresa hace un año y pico (extraño, sinceramente). Y otra vez, que me quedé con mí pareja unos días en su casa, y el primer día me puse fatal del estómago al cenar.... Al final, tuve que utilizar el baño (y mira que odio hacerlo en casa ajena), pero me puse realmente mal. Fue usarlo, y encontrarme bien jaja.


 
A un amigo le paso lo mismo. Se lo hizo dentro de un coche.

A mi lo máximo es que apure tanto que en el descampado salió a tanta presión que me salpico el calzado por detrás. Nada que no se pudiera dejar en la hierba restregando las zapatillas.
Asi?
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En verano de 2017 , solía ir a. correr a un parque cerca del trabajo y después me duchaba en unas instalaciones deportivas cerca . Dos vueltas corriendo al parque, siempre me apretaba la barriga para defecar.
Aguantaba hasta llegar a las instalaciones deportivas, pero ese día en la primera vuelta tuve que parar e ir andando no podía más, tenía al Obama en la puerta de la casa blanca.
Me metí entre unos arbustos y allí solté la maja , que agosto me quede.
Me fui a las instalaciones deportivas y me duche tire los calzoncillos y ya esta.
Cuando la madre naturaleza te llama hay que ir.
 
Este verano un apretón en Turquía, cagando diarrea de la buena en un váter de estos que es un puto foso, de los que te tienes que poner de cuclillas para echarlo todo. Menos mal que llevaba papel ya en previsión de esto mismo, por que si no me hubiese tenido que lavar con un cubito de agua y la mano desnuda, qué asco por favor. Y si, el suelo del baño, como no, estaba lleno de mierda y meado, así que me vi cagando haciendo equilibrio tipo tomb raider.

*Como esto pero lleno de mierda y meado salpicado por tos' laos.
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A mi nunca pero he sido testigo de una, íbamos mis padres, un matrimonio amigo de mis padres su hija y yo que tendríamos unos 11 años cenamos en un bar y después íbamos de camino al parque donde ponían las ferias ya que eran las fiestas del barrio. Llegamos al parque y de repente la mujer nos aparta un poco y dice Hacedle corrillo y se puso a cagar, 0 discreción yo creo que nos vio medio barrio, estaba yo más roja de la vergüenza que ella, ella se limpió y nos fuimos a disfrutar de las ferias
 
Era joven, volvía de una fiesta durante toda la noche en casa de un colega.
Hora y media en metro, sin exagerar.
Todo el camino con ganas de usurpar el trono, y con fuerza.
Aún no sé cómo aguanté, pero así lo hice.

Desde entonces, cuando estoy en una reunión o evento pienso "si pude con eso, puedo con todo".

Lo que no te mata, te hace más fuerte
 
Con 12 ó 13 años, allá en el 2002-2003 mi padre nunca me dejaba jugar a videojuegos entre semana, lo que provocaba que llegara a casa el viernes enajenado perdido deseando encender la play o el pc. En esa época andaba viciado al age of empires. Un viernes, como otro cualquiera llegué, dejé la mochila y me subí a jugar. Al poco, solté un sonoro cuesco, más húmedo de lo normal, pero un cuesco al fin y al cabo. O eso creí. Al rato, al notar que el olor era más pesado de lo normal y que no se iba decidí hacer una comprobación. Pausé el juego, me erguí, me bajé los pantalones y allí estaba. Como si de una caldereta vomitada se tratase, me había pasado media hora viciándome con el uniforme del colegio cagado entero.
 
Husmeando en una estación abandonada.

Me fui a unos matorrales, cagué como una mula y me limpié con pañuelos.

Finiquitao.
 
Para mí el mayor problema es que no me gusta tener que hacerlo en baños que no sean el mío y menos en públicos cuya higiene deja mucho que desear.

Solo voy cuando no me queda más remedio y ya no puedo aguantar.

Es asqueroso cuando tienes que decidir en cual entras y cada uno está más sucio que el anterior.
 
Para mí el mayor problema es que no me gusta tener que hacerlo en baños que no sean el mío y menos en públicos cuya higiene deja mucho que desear.

Solo voy cuando no me queda más remedio y ya no puedo aguantar.

Es asqueroso cuando tienes que decidir en cual entras y cada uno está más sucio que el anterior.
Tu no valdría para camionero.
 
Yo volvía a las tantas de las fiestas de los Carmenes en la aldea sardinera cuando a la altura de San Juan De Dios me dió el retortijón definitivo, ya venía cagandome desde bastante antes, así que salte la valla del recinto hospitalario cuál Javi Martínez en busca de sus botas y cague, en un perfectamente cortado y cuidado sespet que haría las delicias de Chavi Hernández, un zurullo gustoso que me pareció una tarta de chocolate muy cremosa. Me subí los pantalones sin hacer ademán de limpiarme el ojete pues había hecho un Perfect y me fui pa casa. Habran pasado casi 3 décadas de aquel zurullo. Que tiempos
 
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Pues por ahí, caminando en la naturaleza. Buscar un sitio apartado y abonar el monte
 
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