Política Cuando la política divide lo que el cariño debería unir

Balduino XIII

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Hola buenos días shurs, vivimos en un país con una historia que todavía duele. Una historia en la que la política, más que unir, ha roto familias, vecinos y amistades. La Guerra Civil no fue solo un conflicto armado: fue una tragedia íntima, una fractura en miles de hogares. Y aunque han pasado generaciones, en muchos casos seguimos atrapados en esa lógica de bandos, como si no hubiéramos aprendido nada.

No es extraño, hoy, ver cómo las diferencias ideológicas se cuelan en las conversaciones familiares como veneno silencioso. Cómo una opinión puede ser suficiente para que alguien deje de mirarte igual. Y duele. Duele cuando descubres que tus ideas te convierten en “el otro”, en “el que ya no”, en “el que piensa mal”.

Porque una cosa es el debate sano, y otra muy distinta es que tu propia familia te coloque al otro lado de una trinchera.

A veces me pregunto cuándo pasó. ¿Qué palabra, qué conversación, qué voto hizo que nos viéramos como enemigos? ¿Cuándo dejamos que un partido, una ideología o un eslogan valieran más que una vida compartida, que una mesa en común, que las historias que nos unen desde siempre?

España debería saberlo mejor que nadie: cuando permitimos que la política nos divida hasta dentro de casa, todos perdemos. Ninguna victoria política compensa el vacío que deja una silla apartada, un abrazo que ya no se da, una llamada que nunca más llega.

Lo verdaderamente triste es que esto sigue pasando. Que todavía hay padres que no hablan con sus hijos, hermanos que se evitan, primos que ya no se felicitan en Navidad… todo por pensar distinto. Como si la sangre pudiera cambiar de color dependiendo del partido que votes.

Pero el amor no debería tener ideología. Ni el respeto debería depender de estar de acuerdo. Antes que izquierdas o derechas, somos personas. Y antes que cualquier consigna, somos familia.

Ojalá tengamos el valor de mirarnos de nuevo con empatía. De escucharnos sin prejuicio. De no dejar que las ideas maten el cariño. Porque si permitimos que la política nos quite a los nuestros, entonces lo que está en juego no es solo una elección… es nuestra humanidad.
 
Fue Zapatero el que empezó de nuevo con los nuestros y los otros. Hasta entonces la gente no se comportaba tanto como cenutrios, pero él se encargó de resucitar el enfrentamiento y volver a hablar de Franco. Porque ETA era el pasado, pero Franco no estaba muerto, estaba de parranda.

Y todo ¿para qué? pues para poder robar a manos llenas, usan esa mierda para tapar trapos sucios, y les funciona, solo hay que ver que Pedrito debería de haber dimitido hace tiempo, pero tenemos el 50 aniversario de la muerte de Paquito.
 
Fue Zapatero el que empezó de nuevo con los nuestros y los otros. Hasta entonces la gente no se comportaba tanto como cenutrios, pero él se encargó de resucitar el enfrentamiento y volver a hablar de Franco. Porque ETA era el pasado, pero Franco no estaba muerto, estaba de parranda.

Y todo ¿para qué? pues para poder robar a manos llenas, usan esa mierda para tapar trapos sucios, y les funciona, solo hay que ver que Pedrito debería de haber dimitido hace tiempo, pero tenemos el 50 aniversario de la muerte de Paquito.
Tienes toda la razón hablando políticamente, ahora díselo a los familiares (si los tienes) afines al bando socialista y que "hayan" vivido la posguerra. Para ellos eres el enemigo público número 1 y encima en casa, me da tanta lástima que hayan conseguido dividir a las familias. Partiendo de la base de que la educación está y estaba sesgada políticamente. Por qué ya no llamas a aquel o aquella familiar que su argumento es que guapo es Pedro y lo que le ha tocado. Porque cuando se habla de los que tenemos gobernando siempre sale el cliché de y los otros más. No entiendo porque la gente se quiere sentir parte de un bando diferente al de una persona en la misma situación social que esa persona que afirma ser moralmente superior, personas que solo tratan de convencerte de que no tienes razón y estás equivocado, cuando te remites a delitos destapados por un grupo policial que el mismo PSOE constituyó. No entiendo que necesidad hay de defender a una organización que ni te da de comer, que ni le importas, que solo quieren tu dinero independientemente de lo que pueda suponer. A caso alguien les dijo a estas personas que eran tontas por votar a quien votarán? Simplemente creo que debemos entender que da igual quien esté calentando la silla, si lo hace mal se le lincha y no se le defiende, sea quien sea y no hay que echar cosas en cara. Yo sé que cuando se va a votar no crees que te estén engañando, yo sé que nadie vota para que nos roben. Pero a expensas de que lo puedan hacer lo que no se puede es decirles ves os lo dijimos, porque tampoco votaron pensando que esto pasaría. Y ni mucho menos defender por orgullo lo indefendible. Nadie tiene el voto correcto.

"El pueblo siempre vota con el corazón y con esperanza; los que traicionan ese voto son los que, una vez elegidos, hacen lo que les da la gana."

Jugar con ese moralismo y sentimiento que ellxs nos han sembrado es sociopático.
 
Tienes toda la razón hablando políticamente, ahora díselo a los familiares (si los tienes) afines al bando socialista y que "hayan" vivido la posguerra. Para ellos eres el enemigo público número 1 y encima en casa, me da tanta lástima que hayan conseguido dividir a las familias. Partiendo de la base de que la educación está y estaba sesgada políticamente. Por qué ya no llamas a aquel o aquella familiar que su argumento es que guapo es Pedro y lo que le ha tocado. Porque cuando se habla de los que tenemos gobernando siempre sale el cliché de y los otros más. No entiendo porque la gente se quiere sentir parte de un bando diferente al de una persona en la misma situación social que esa persona que afirma ser moralmente superior, personas que solo tratan de convencerte de que no tienes razón y estás equivocado, cuando te remites a delitos destapados por un grupo policial que el mismo PSOE constituyó. No entiendo que necesidad hay de defender a una organización que ni te da de comer, que ni le importas, que solo quieren tu dinero independientemente de lo que pueda suponer. A caso alguien les dijo a estas personas que eran tontas por votar a quien votarán? Simplemente creo que debemos entender que da igual quien esté calentando la silla, si lo hace mal se le lincha y no se le defiende, sea quien sea y no hay que echar cosas en cara. Yo sé que cuando se va a votar no crees que te estén engañando, yo sé que nadie vota para que nos roben. Pero a expensas de que lo puedan hacer lo que no se puede es decirles ves os lo dijimos, porque tampoco votaron pensando que esto pasaría. Y ni mucho menos defender por orgullo lo indefendible. Nadie tiene el voto correcto.

"El pueblo siempre vota con el corazón y con esperanza; los que traicionan ese voto son los que, una vez elegidos, hacen lo que les da la gana."

Jugar con ese moralismo y sentimiento que ellxs nos han sembrado es sociopático.
Yo siempre he intentado respetar posturas, por poner un ejemplo, una de las mejores personas que conozco es concejal del PSOE y se puede hablar con ella de cualquier tema, sin tener que estar de acuerdo.

Con la mayoría de la gente que tiene dos dedos de frente se puede hablar aunque no coincidas en ideas, da igual que seas de izquierdas o derechas.
 
La polarización política de la sociedad es una estrategia de la izmierda para lograr tres objetivos fundamentales: Desestabilizar, y así tener una disculpa para aplicar cambios; que nos peleemos entre nosotros de forma que no los veamos a ellos como el verdadero enemigo; y distraernos para que no veamos sus fechorías (básicamente robar a manos llenas de las arcas públicas). Curiosamente, la Providencia quiso dejar marcado a fuego el momento en que esta estrategia se puso en marcha en nuestro país, cuando las cámaras pillaron al hijo de puta de Zapatero al final de una entrevista con el mierda de Iñaqui Gabilondo, diciendo que "había que crispar" a toda costa.
Aquí la izmierda lo tuvo fácil, abriendo las heridas de la Guerra Civil. La Memoria Histórica, levantar los cadáveres, ha perseguido única y exclusivamente la polarización, la división del pueblo. No estábamos preparados para algo así y hemos caído como gilipollas.
 
Hola buenos días shurs, vivimos en un país con una historia que todavía duele. Una historia en la que la política, más que unir, ha roto familias, vecinos y amistades. La Guerra Civil no fue solo un conflicto armado: fue una tragedia íntima, una fractura en miles de hogares. Y aunque han pasado generaciones, en muchos casos seguimos atrapados en esa lógica de bandos, como si no hubiéramos aprendido nada.

No es extraño, hoy, ver cómo las diferencias ideológicas se cuelan en las conversaciones familiares como veneno silencioso. Cómo una opinión puede ser suficiente para que alguien deje de mirarte igual. Y duele. Duele cuando descubres que tus ideas te convierten en “el otro”, en “el que ya no”, en “el que piensa mal”.

Porque una cosa es el debate sano, y otra muy distinta es que tu propia familia te coloque al otro lado de una trinchera.

A veces me pregunto cuándo pasó. ¿Qué palabra, qué conversación, qué voto hizo que nos viéramos como enemigos? ¿Cuándo dejamos que un partido, una ideología o un eslogan valieran más que una vida compartida, que una mesa en común, que las historias que nos unen desde siempre?

España debería saberlo mejor que nadie: cuando permitimos que la política nos divida hasta dentro de casa, todos perdemos. Ninguna victoria política compensa el vacío que deja una silla apartada, un abrazo que ya no se da, una llamada que nunca más llega.

Lo verdaderamente triste es que esto sigue pasando. Que todavía hay padres que no hablan con sus hijos, hermanos que se evitan, primos que ya no se felicitan en Navidad… todo por pensar distinto. Como si la sangre pudiera cambiar de color dependiendo del partido que votes.

Pero el amor no debería tener ideología. Ni el respeto debería depender de estar de acuerdo. Antes que izquierdas o derechas, somos personas. Y antes que cualquier consigna, somos familia.

Ojalá tengamos el valor de mirarnos de nuevo con empatía. De escucharnos sin prejuicio. De no dejar que las ideas maten el cariño. Porque si permitimos que la política nos quite a los nuestros, entonces lo que está en juego no es solo una elección… es nuestra humanidad.
Es un problema secular. Los dirigentes nos tienen cogida la medida. Republicanos y monárquicos, tradicionalistae, liberales, etc etc etc
 
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