Ruta66
Shurmano Platino
- Shurmano Nº
- 16486
- Desde
- 20 Jun 2025
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- 389
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- 3,516
Aquí todos fuimos niños, pero algunos parecíamos entrenados por la KGB. El patio era Vietnam y el aula, una cárcel con reglas flexibles. El que no hizo o sufrió una putada en el cole, o miente o era el pringao al que se las hacían todas.
Lo típico: el boli Bic con el muelle cargado y papel mojado, proyectil oficial de media España. El que se dormía en clase y le ponías corrector en las cejas. Pegamento Imedio en la silla, y cuando se levantaba parecía que llevaba el pantalón pintado. El mítico escupitajo al bocadillo del que siempre decía “dame un trozo”. O el que mordía el bollycao con el dedo marcando hasta dónde, y aún así te la liaba porque “pillaste más de la cuenta”.
En el recreo había de todo. Desde el que te abría la mochila y te metía un plátano pisado, hasta el que te robaba los cromos y luego te ayudaba a buscarlos. El balón de reglamento era una piedra con logos, y si no salías con el tobillo torcido, no habías jugado. El mítico juego de “a que no te atreves”, que acababa con alguien lamiendo un timbre, pegando un grito a una profe o robando una regla para hacerla navaja.
Y en clase… madre mía. Gomas elásticas lanzadas con lápices. Pestañas cortadas con tijeras al que se quedaba sopa. El que metía un zurullo en el cajón del delegado. Cambiarle el nombre al profe en la pizarra por “Sr. Pollas”. O lo clásico de ponerle una notita de amor al empollón en la mochila y que toda la clase se riera cuando la leía en voz alta sin saber que se la habían colado.
Eso no era bullying, eso era selección natural. Y si llorabas, te daban más.
Venga, suelta tu crimen o tu humillación. Aquí nadie va a perdonar, pero todos nos vamos a reír.
Lo típico: el boli Bic con el muelle cargado y papel mojado, proyectil oficial de media España. El que se dormía en clase y le ponías corrector en las cejas. Pegamento Imedio en la silla, y cuando se levantaba parecía que llevaba el pantalón pintado. El mítico escupitajo al bocadillo del que siempre decía “dame un trozo”. O el que mordía el bollycao con el dedo marcando hasta dónde, y aún así te la liaba porque “pillaste más de la cuenta”.
En el recreo había de todo. Desde el que te abría la mochila y te metía un plátano pisado, hasta el que te robaba los cromos y luego te ayudaba a buscarlos. El balón de reglamento era una piedra con logos, y si no salías con el tobillo torcido, no habías jugado. El mítico juego de “a que no te atreves”, que acababa con alguien lamiendo un timbre, pegando un grito a una profe o robando una regla para hacerla navaja.
Y en clase… madre mía. Gomas elásticas lanzadas con lápices. Pestañas cortadas con tijeras al que se quedaba sopa. El que metía un zurullo en el cajón del delegado. Cambiarle el nombre al profe en la pizarra por “Sr. Pollas”. O lo clásico de ponerle una notita de amor al empollón en la mochila y que toda la clase se riera cuando la leía en voz alta sin saber que se la habían colado.
Eso no era bullying, eso era selección natural. Y si llorabas, te daban más.
Venga, suelta tu crimen o tu humillación. Aquí nadie va a perdonar, pero todos nos vamos a reír.
