Kerkies
Shurmano Infinite
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Yo, Odín, lo sé todo, dónde guardas tu ojo:
en la fuente de Mímir, gloriosa, lo tienes;
hidromiel bebe Mímir cada mañana
del pago de Válfold.
Völuspa, la profecía de la Vidente
en la fuente de Mímir, gloriosa, lo tienes;
hidromiel bebe Mímir cada mañana
del pago de Válfold.
Völuspa, la profecía de la Vidente
Tres hijos, tres, tuvieron Borr y Bestla. Tres hijos, los primeros æsir, llamado Vili, Vé y, el que siempre se entromete, Odín.
Mientras que Vili, aparte de ayudar en la creación del mundo, se encargó de dotar a la humanidad de inteligencia y emociones (hasta el punto de acabar el mismo siendo víctima de sus emociones, como veremos más adelante); Vé se ocupó de la capacidad de hablar y de los sentidos.
Más enseguida quedaron relegados estos dos hermanos a un segundo plano pues, mientras se dedicaban a dotar a toda criatura de sus dones y soñar con nuevas batallas que librar, el tercero de la familia seguía mirando a las estrellas preguntándose a si mismo el por qué de todo lo que tenía a su alrededor.
Odín dudaba. Dudaba mucho. Preguntaba, incluso a si mismo por todo lo que le rodeaba. ¿Conocéis a alguien así? Un barco a la deriva en un mar de dudas, hoy sería un forero abriendo hilo tras hilo a cada pregunta que le atormentase.
Como no encontraba respuestas en su recién inaugurada Asgard, y sus hermanos le miraban raro, Odín marchó en busca de respuestas. Vagó hasta llegar a los pies del árbol Yggdrasil que para entonces había crecido considerablemente y pensó que si se colgaba del mismo atravesado por su lanza Gungnir encontraría las respuestas que buscaba. Si, la opción de sentarse en una rama era demasiado sencilla. Al menos, el estar nueve días y nueve noches colgando le sirvieron para, cómo cuenta en una de sus anécdotas el enano Durin durante sus noches de borrachera, aprender el secreto de las runas.
No le valía conocer las runas así que, aún con alguna astilla en el cuerpo, siguió vagando hasta llegar a un manantial custodiado por el gigante Mímir. Prometió este sabiduría de las aguas a cambio de dejar algo en prenda y, como no se habían creado aún los VendoOro, Odín se desprendió de uno de sus ojos adquiriendo así visión del pasado, presente y futuro (irónico, ¿verdad?).
Volvió así Odín a Asgard, viejo, sin un ojo, pero sabio…, y miró a sus hermanos con indiferencia, pues ahora se consideraba superior. Así se lo hizo saber y se postuló, sin opción a replica, como el æsir supremo. Padre de todos los dioses.
Y conoció a Frigga, diosa de la fertilidad, del amor, el hogar, el matrimonio, la maternidad, y la sabiduría. Poco se conoce de dónde vino Frigga aparte de ser hija de la jotunn Fjörgynn y de ser una vidente de mal agüero al predecir la muerte de su hijo Balder y no quedarse tranquila hasta que le vio muerto. Pero hizo suya la frase tras un gran hombre siempre hay una gran mujer.
Juntos tuvieron dos hijos, el mencionado Balder, y Hodur (¿os suena el nombre? Spoiler, acaba mal con su hermanastro Loki de por medio). Y no, Thor no nace fruto de este matrimonio.
Así, a Odín, tras adquirir toda sabiduría y tener esposa sólo le faltaba su montura Sleipnir, caballo de ocho patas nada menos, lo más lujoso que pudo encontrar; así como sus cuervos Hugin y Munin, encargados de ser sus ojos, oídos y mente por los nueve reinos, y sus lobos Geri y Freki siempre a su lado.
Mientras que Vili, aparte de ayudar en la creación del mundo, se encargó de dotar a la humanidad de inteligencia y emociones (hasta el punto de acabar el mismo siendo víctima de sus emociones, como veremos más adelante); Vé se ocupó de la capacidad de hablar y de los sentidos.
Más enseguida quedaron relegados estos dos hermanos a un segundo plano pues, mientras se dedicaban a dotar a toda criatura de sus dones y soñar con nuevas batallas que librar, el tercero de la familia seguía mirando a las estrellas preguntándose a si mismo el por qué de todo lo que tenía a su alrededor.
Odín dudaba. Dudaba mucho. Preguntaba, incluso a si mismo por todo lo que le rodeaba. ¿Conocéis a alguien así? Un barco a la deriva en un mar de dudas, hoy sería un forero abriendo hilo tras hilo a cada pregunta que le atormentase.
Como no encontraba respuestas en su recién inaugurada Asgard, y sus hermanos le miraban raro, Odín marchó en busca de respuestas. Vagó hasta llegar a los pies del árbol Yggdrasil que para entonces había crecido considerablemente y pensó que si se colgaba del mismo atravesado por su lanza Gungnir encontraría las respuestas que buscaba. Si, la opción de sentarse en una rama era demasiado sencilla. Al menos, el estar nueve días y nueve noches colgando le sirvieron para, cómo cuenta en una de sus anécdotas el enano Durin durante sus noches de borrachera, aprender el secreto de las runas.
No le valía conocer las runas así que, aún con alguna astilla en el cuerpo, siguió vagando hasta llegar a un manantial custodiado por el gigante Mímir. Prometió este sabiduría de las aguas a cambio de dejar algo en prenda y, como no se habían creado aún los VendoOro, Odín se desprendió de uno de sus ojos adquiriendo así visión del pasado, presente y futuro (irónico, ¿verdad?).
Volvió así Odín a Asgard, viejo, sin un ojo, pero sabio…, y miró a sus hermanos con indiferencia, pues ahora se consideraba superior. Así se lo hizo saber y se postuló, sin opción a replica, como el æsir supremo. Padre de todos los dioses.
Y conoció a Frigga, diosa de la fertilidad, del amor, el hogar, el matrimonio, la maternidad, y la sabiduría. Poco se conoce de dónde vino Frigga aparte de ser hija de la jotunn Fjörgynn y de ser una vidente de mal agüero al predecir la muerte de su hijo Balder y no quedarse tranquila hasta que le vio muerto. Pero hizo suya la frase tras un gran hombre siempre hay una gran mujer.
Juntos tuvieron dos hijos, el mencionado Balder, y Hodur (¿os suena el nombre? Spoiler, acaba mal con su hermanastro Loki de por medio). Y no, Thor no nace fruto de este matrimonio.
Así, a Odín, tras adquirir toda sabiduría y tener esposa sólo le faltaba su montura Sleipnir, caballo de ocho patas nada menos, lo más lujoso que pudo encontrar; así como sus cuervos Hugin y Munin, encargados de ser sus ojos, oídos y mente por los nueve reinos, y sus lobos Geri y Freki siempre a su lado.
Geri y Freki son los lobos de Odín,
y él les da de comer la carne,
pues el vino es para él bebida y alimento.
Grímnismál, poema de los Eddas
y él les da de comer la carne,
pues el vino es para él bebida y alimento.
Grímnismál, poema de los Eddas
Tenemos así, al fin, al padre de los dioses y autoproclamado dios de la sabiduría, conocimiento, guerra, batallas, magia, profecías, muerte, justicia y, por si le parecía poco, también de la poesía.
Sirvan estas pinceladas de introducción, pues volveremos al viajero Odín pronto.
El descanso del Viajero, Andreas Lejmke
Temas anteriores:
Mitología nórdica I: la creación del mundo
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Muaaajajaj bromi