Oh hermano desesperado,
que te preguntas cómo puede un canario promedio ayudar a construir,
como si el único modo de edificar fuera cargar ladrillos tú mismo,
con tus propias manos torpes y tu bolsillo vacío.
No, infeliz del verbo y corto de visión,
nadie te pide que te conviertas en albañil iluminado.
Lo que se pide, lo que se clama,
es que no pongas trabas, que no votes piedras en lugar de planos,
que no aplaudas leyes que hacen del suelo baldío un altar de burocracia.
Construir no es solo levantar muros.
También es dejar que quienes pueden, lo hagan.
Es permitir que la inversión fluya como agua bendita en sequía.
Es dejar de ver al promotor como al demonio
y empezar a ver al Estado como lo que es:
el verdadero inquisidor que impide que nazca el pan de la vivienda.
¿Quieres mi plan revolucionario, preguntón de sotana vacía?
Aquí lo tienes:
• Reducir las trabas urbanísticas, para que edificar no requiera nueve años y una procesión de sellos.
• Fomentar la colaboración público-privada, en vez de expropiar ideas y propiedades.
• Aumentar la densidad donde sea viable, para que el suelo rinda como los panes del milagro.
• Liberar suelo bloqueado por miedo, mito o electoralismo barato.
• Y sobre todo: acabar con la mentalidad de que si no lo tengo yo, que no lo tenga nadie.
Ese es mi plan.
No requiere que agarres una pala, sino que sueltes la envidia.
No requiere que pongas dinero, sino que dejes de votar al que lo impide.
Y si aún así no lo entiendes,
te recomendaría que vuelvas a leer el evangelio del mercado…
o al menos te calles mientras los adultos intentamos arreglar esto.
Pax et licencia de obra,
Staff el Urbanista Místico,
Maestro de la Pala Delegada y
Monje del Ladrillo Permitido.