General Vacío existencial.

Eso es así, si hacemos un trabajo y tenemos 250 comentarios buenos, con 1 malo....a que le damos vueltas, al único malo
Así es. Y es muy jodido cambiar esa mentalidad.
 
Son jodidas, no es para todos y en muchos casos lo mejor es evitarlas sobre todo si tú mismo no lo tienes claro porque depresión+rallada+drogas puede acabar muy mal
Depresion, no tengo. :qmeparto: Simplemente que me están jodiendo por todos lados, pero lo estoy llevando mejor que otras veces. Supongo que es madurar. Pero si, las drogas sin conocimiento ni tocarlas.
 
Depresion, no tengo. :qmeparto: Simplemente que me están jodiendo por todos lados, pero lo estoy llevando mejor que otras veces. Supongo que es madurar. Pero si, las drogas sin conocimiento ni tocarlas.
Con bajón tampoco, aunque con depresión mejor alejarse
 
Última edición:
Pues si. Aunque son momentos que tengo de inspiración y un poco de bajo ánimo. Luego me estoy despollando :qmeparto:. Eres un pato sabio.

Sólo un humilde pato de charca

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Comparas esta música con Maluma o mierdas similares. Y te pones a llorar. La verdad que está canción tiene pinta de lo mismo.
Es un temazo, hay muy buena música de esa época.

Está es la felicidad:
 
Mi consejo es que si te gusta el rollo de la espiritualidad leas a Jung y empieces a analizar tus sueños, y fijarte en las sincronizaciones. Y sobre todo conocer gente nueva.
 
Mi consejo es que si te gusta el rollo de la espiritualidad leas a Jung y empieces a analizar tus sueños, y fijarte en las sincronizaciones. Y sobre todo conocer gente nueva.
Curiosamente mis sueños. Son muy similares a mí vida diaria. No tengo sueños demasiado raros :roto2:
 
Por cierto, gracias por todos los comentarios de apoyo. Se agradece está comunidad de puta madre.
 
Estás agotado. Cansado de las mismas rutinas diarias, de un trabajo que no te llena, de relaciones superficiales que no satisfacen, de los constantes ruidos de la ciudad que nunca dejan de sonar. Cada día parece una repetición del anterior, como una maraña de compromisos que no puedes romper. Tus vecinos, siempre presentes con sus quejas o indiferencia, la presión social, las expectativas que parecen no tener fin. Te ahogas en la monotonía, en las exigencias que otros imponen sobre ti, en un mundo que demanda más de lo que tienes para dar. La vida parece una carrera interminable hacia un horizonte que nunca se alcanza, un laberinto sin salida.

Y en medio de este caos, decides huir. Buscar un refugio, un rincón en el que escapar de las voces, del ruido, de las responsabilidades. Te sumerges en el vacío, un espacio infinito donde finalmente puedes respirar, donde no hay nada que te arrastre, nada que te agobie. Al principio, sientes un alivio, una liberación inexplicable, como si por fin hubieras encontrado la paz. Pero pronto, ese alivio se convierte en algo más profundo, más oscuro. En el silencio absoluto, en la vastedad de la nada, te enfrentas a ti mismo. Oyes tu propio eco. Un eco que, lejos de ser un consuelo, te recuerda la cruel realidad en ese vacío, no hay nada más que tú, con tus dudas, tus temores, tus insatisfacciones. Y es ahí donde el terror comienza: el vacío se convierte en una cárcel, el silencio en una condena. Lo que parecía ser la solución se transforma en el reflejo más puro de lo que has estado tratando de escapar.

Te das cuenta entonces, en esa cruel revelación, de que huir no era la respuesta. El vacío no tiene respuesta alguna, solo preguntas sin fin. Y al enfrentar tu propia imagen, comprendes que lo único que realmente tienes, lo único que jamás podrás abandonar, es tu vida, con todas sus imperfecciones, con todas sus cargas. Es difícil, lo sabes bien. La vida, por mucho que lo intentes, no es algo que puedas controlar, no es algo que puedas moldear a tu antojo. En su caos, en su imprevisibilidad, está también la fragilidad que la hace tan humana. A menudo, te parece que todo se derrumba, que no hay salida, que la lucha es en vano. Pero en esa misma lucha, hay algo más hay momentos de respiro, hay destellos de belleza que, aunque pequeños, son suficientes para recordar que el dolor es solo una parte del todo.

No siempre podremos cambiar lo que nos rodea, no siempre podremos controlar el curso de los acontecimientos. Pero sí podemos aprender a ver las pequeñas cosas con ojos nuevos: el calor del sol en la piel, el sonido de una risa sincera, el simple hecho de estar vivos. La vida, aunque breve y efímera, no es un mal a evitar, sino un regalo a valorar. No se trata de escapar, de huir, sino de encontrar paz en lo que ya está presente, de centrarse en lo que realmente importa. Porque, al final, la vida, aunque llena de imperfecciones, es la única que tenemos. Y si hay algo que el tiempo nos enseña es que no merece la pena aferrarse al sufrimiento sin fin. Lo que realmente importa es cómo elegimos vivirla, en medio de sus sombras y su luz.
Leete el extranjero de Camus, y si te gusta, El mito de sisifo.
 
 
yo sinceramente preferiría eso a tener el sibo
 
Estás agotado. Cansado de las mismas rutinas diarias, de un trabajo que no te llena, de relaciones superficiales que no satisfacen, de los constantes ruidos de la ciudad que nunca dejan de sonar. Cada día parece una repetición del anterior, como una maraña de compromisos que no puedes romper. Tus vecinos, siempre presentes con sus quejas o indiferencia, la presión social, las expectativas que parecen no tener fin. Te ahogas en la monotonía, en las exigencias que otros imponen sobre ti, en un mundo que demanda más de lo que tienes para dar. La vida parece una carrera interminable hacia un horizonte que nunca se alcanza, un laberinto sin salida.

Y en medio de este caos, decides huir. Buscar un refugio, un rincón en el que escapar de las voces, del ruido, de las responsabilidades. Te sumerges en el vacío, un espacio infinito donde finalmente puedes respirar, donde no hay nada que te arrastre, nada que te agobie. Al principio, sientes un alivio, una liberación inexplicable, como si por fin hubieras encontrado la paz. Pero pronto, ese alivio se convierte en algo más profundo, más oscuro. En el silencio absoluto, en la vastedad de la nada, te enfrentas a ti mismo. Oyes tu propio eco. Un eco que, lejos de ser un consuelo, te recuerda la cruel realidad en ese vacío, no hay nada más que tú, con tus dudas, tus temores, tus insatisfacciones. Y es ahí donde el terror comienza: el vacío se convierte en una cárcel, el silencio en una condena. Lo que parecía ser la solución se transforma en el reflejo más puro de lo que has estado tratando de escapar.

Te das cuenta entonces, en esa cruel revelación, de que huir no era la respuesta. El vacío no tiene respuesta alguna, solo preguntas sin fin. Y al enfrentar tu propia imagen, comprendes que lo único que realmente tienes, lo único que jamás podrás abandonar, es tu vida, con todas sus imperfecciones, con todas sus cargas. Es difícil, lo sabes bien. La vida, por mucho que lo intentes, no es algo que puedas controlar, no es algo que puedas moldear a tu antojo. En su caos, en su imprevisibilidad, está también la fragilidad que la hace tan humana. A menudo, te parece que todo se derrumba, que no hay salida, que la lucha es en vano. Pero en esa misma lucha, hay algo más hay momentos de respiro, hay destellos de belleza que, aunque pequeños, son suficientes para recordar que el dolor es solo una parte del todo.

No siempre podremos cambiar lo que nos rodea, no siempre podremos controlar el curso de los acontecimientos. Pero sí podemos aprender a ver las pequeñas cosas con ojos nuevos: el calor del sol en la piel, el sonido de una risa sincera, el simple hecho de estar vivos. La vida, aunque breve y efímera, no es un mal a evitar, sino un regalo a valorar. No se trata de escapar, de huir, sino de encontrar paz en lo que ya está presente, de centrarse en lo que realmente importa. Porque, al final, la vida, aunque llena de imperfecciones, es la única que tenemos. Y si hay algo que el tiempo nos enseña es que no merece la pena aferrarse al sufrimiento sin fin. Lo que realmente importa es cómo elegimos vivirla, en medio de sus sombras y su luz.
Mucho texto, me espero a la versión del director Ralph
 
Toma en formato audio, cerebro de Ralph.
No te ibas a dormir? Me echas de menos verdad? Me pasa igual, iba a dormir pero echaba de menos tus risas y no pego ojo, he contado ya 5 palets de ovejas saltando
 
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