Ni una coma te cambiaría

. Bueno si, corrige lo de planetas “extraescolares” que te la ha jugado el corrector y ha quedado un poco cómico eso
Esto lo escribí yo hace poco, en una charla improductiva al respecto. Prefiero que esté aquí:
Tratar de darle una forma razonada y cuadriculada con las limitaciones de nuestra mente humana a algo que probablemente no obedezca a nuestras leyes físicas y sea trascendente y algo más parecido a la energía que mueve las ideas que a la que desplaza planetas y estrellas es… un ejercicio estimulante y nunca concluyente, se siente a debatir el mejor físico o el más erudito teólogo.
Lo que sí podemos hacer los usuarios de cerebro, aún sin formación especializada (a veces mejor porque eliminas mucho de sesgo y polaridad) es reflexionar con lógica para al menos discernir por nosotros mismos hacia donde podemos dirigir nuestras sospechas

…qué pudo/puede ser?
A mí me encanta la teoría de la evolución de las especies por lo coherente que es. Pero el propio Darwin se murió sin poder dar respuesta a algunos interrogantes que su propia teoría planteaba, como por ejemplo, la ausencia de registros fósiles de lo que presumiblemente debía de haber existido: miles de especies intermedias.
La ciencia empuja en la dirección de la aleatoriedad, como si nuestro origen y destino estuviera regido por el caos, así que la naturaleza es caótica y por continuos pequeños accidentes va evolucionando. Igual que la vida en la tierra, existimos por un compendio de rarísimas casualidades.
Dios sería entonces el puro azar, que en complicidad con el tiempo prácticamente eterno, iría construyendo todas las estructuras orgánicas y no orgánicas que conforman nuestra existencia.
Es posible? Sería posible algo así? Si contamos con tiempo infinito…. sería posible, pero, mi limitada mente sin formación científica me dice que eso sería improbable, sobretodo porque sabemos que los planetoides que observamos o incluso la propia piedra de fuego en la que vivimos es finita, se puede calcular su antigüedad, someramente, y es previsible su caducidad.
Alguien hizo un símil muy bonito una vez, y venía a decir que presumir que nuestra existencia obedece a un origen eventual equivaldría a esperar que tras dinamitar una litografía, las letras cayeran ordenadamente y en su impresión sobre el suelo pudiéramos leer el quijote.
Yo no creo es posible, mi pequeñísima mente humana y mi corazón me dicen que existe una lógica inexplicable que lo rige todo.