Trampantojo
Lo de llamarnos CrossDressers para distinguirnos de las Travestis es todo como un gran absurdo etimológico, aunque ciertamente es bastante funcional, porque este mundillo es complejo, y debería serlo tanto como personas estamos en él.
En realidad, significan lo mismo: crossdressing es igual a travestismo, solo que una palabra es de origen anglosajón y la otra de origen italiano (creo). Pero en el ámbito se distinguía como CD a las travestis privadas, en la intimidad, esporádicas, no profesionales digamos. Y una travesti, esa denominación, pues se asocia con prostitución y anuncios de contacto, sería como una suerte de Transexual incompleta que ni se hormona ni se opera, solo se viste y maquilla y prácticamente vive en ese estado. Una CD no, una CD solo lo hace a ratitos.
Y a mí todas estas definiciones me dan grima.
A mí la palabra Travesti me parece preciosa, y hay algo en ella que me gusta, autodenominarme travesti es como gritar en alto que no siento vergüenza, que me acepto. Soy una Travesti, de closet, cierto, pero es lo que soy. Como se nos definía antes, Travesti de Closet o Travesti en la intimidad. Qué lindo no?
Pero sobretodo lo que soy es lo que pone en el título, un trampantojo, que además me parece una palabra preciosa, porque por muy mujer que me sienta realmente, obviamente debo recurrir al engaño corporal y visual para aparentar con mayor o menor éxito, que no soy un hombre.
(por favor ignorad el polvo y pelusas debajo del sillón, no es mi casa, era un hotel
)
Hubo un señor una vez que me dijo que estar conmigo era como vivir la experiencia de un simulador. Para él una mujer elegante, con clase, sexy, que fuera alta y atractiva estaba totalmente fuera de su alcance, si no era pagando grandes sumas de dinero, en cambio yo le inspiraba todo eso que le excitaba y adoraba, con mis taconazos, mis medias bonitas, mi vestido, mi maquillaje… él se ensoñaba conmigo y sentía que estaba con una mujer de bandera, que además disfrutaba y le trataba como a un amante. Y como lo que le gustaban eran las mujeres con sus fetiches, y yo no lo era realmente, pues eso, era como un simulador.

Rebeca