Titovic
Shurmano Infinite
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Acteón era un joven cazador, instruido por el mismísimo Quirón, que desde pequeño había demostrado una destreza increíble para la caza. Nadie en la comarca podía igualar su talento: era rápido, astuto y conocía los bosques como la palma de su mano. Su popularidad creció tanto que empezó a creérselo, hasta el punto de sentirse invencible, casi como un dios.
Un día, de cacería con sus amigos, decidió separarse un momento. Mientras caminaba, escuchó un sonido, se acercó en silencio y lo que vio le dejó sin aliento: Artemisa, diosa de la caza, se estaba bañando desnuda junto a sus ninfas. Acteón se quedó helado. Sabía que no debía mirar, pero no pudo evitarlo; la belleza de la diosa lo dejó completamente hipnotizado.
Artemisa, al notar su presencia, se sintió ofendidísima. Nadie podía verla desnuda e irse de rositas. Sin darle tiempo a reaccionar, le lanzó agua y pronunció una maldición: "Si te gusta mirar, ahora serás el más mirado."
Enseguida, Acteón vio cómo su cuerpo comenzaba a transformarse: sus manos y piernas se convirtieron en patas, su piel se cubrió de pelaje y de su cabeza brotaron enormes astas. Se había convertido en un ciervo.
Confundido y aterrorizado, intentó hablar, pero solo pudo emitir un sonido. Desesperado, corrió a través del bosque, pero sus propios perros de caza, sin reconocerlo, lo vieron como una presa más. Corrió con todas sus fuerzas, pero no pudo escapar. Sus propios perros lo alcanzaron y acabaron con su vida entre terribles sufrimientos.
Un recordatorio de que a los dioses ni se les desafía ni se les espía.

