Este texto lo escribió un economista español llamado Guillem Graell y lo publicó en 1914 en un ensayo titulado "El modo de hacer fortuna", del cual cayó en mis manos un ejemplar, y os voy a poner un extracto muy interesante que se refiere a los "ninis" de comienzos del siglo XX.
¿Cur non ego? ¿Por qué yo no he de ser un hombre valioso?
LA JUVENTUD.
En sus manos está el porvenir. ¿Cómo no ha de preocuparnos? Me refiero a los jóvenes de las clases acomodadas, y también a los de la clase media, aun a la que linda en las fronteras del proletariado, que es la que habrá de llevar la acción política y social de la nación. Distingo principalmente dos clases de estos jóvenes: los que ya considero como desperdicios humanos, esas lechuzas que han hecho de la noche día y de parte del día noche, noctívagos abonados para los vicios solitarios, cuando no se pervierten en lupanares o entre espectáculos de obscenidad.
Existen en todas partes, pero hemos de reconocer que donde más abundan, es en nuestros pueblos. Las causas son múltiples, pero yo doy mucha importancia al horario de la raza hispanolatina. Comidas, reuniones, centros de recreo, horas de despacho, cafés, tabernas, teatros, todo está orientado hacia la vida social de noche. Y claro, los jóvenes se caen del lado adonde las costumbres se inclinan.
Pues, bien; esto sólo, únicamente el horario, es ya causa muy eficiente de inferioridad de nuestra raza respecto a la anglosajona y a la germánica. En vano buena parte de nuestra juventud mercantil ha trabajado tenazmente para cambiarlo; son tantos los intereses, y también las personas, encaminados hacia la vida alegre nocturna, que hasta ahora han perdido el tiempo.
Pero hay otra parte muy considerable de la juventud notoriamente fracasada por mala orientación, y es la juventud más distinguida. En vano va en pos de las riquezas: ha marrado el camino totalmente. La educación clásica, o sea la histórica, desvía a esos jóvenes del ejercicio de ias profesiones, si han llegado a adquirirlas, y les lleva a una bohemia llena de peligros, de abyecciones y de privaciones crueles, a pesar de haberles muy laboriosos y de verdadero valer.
Dirigiéndome a los jóvenes, les digo una vez más: sacudid la pereza; desterrad la ignorancia, que es en el fondo la causa de la inercia ; aprended y cultivad la ciencia más desconocida, la ciencia de la vida. Elegid y resolved. El triunfo no lo esperéis de herencias ni de la suerte, de ocasiones o de vocaciones, del acaso y del misterio ; la victoria, como la derrota, la lleváis en vosotros mismos. Seréis lo que pensáis ; seréis bajos si pensáis bajo ; elevados, si pensáis alto.
El que extrae de sí mismo toda la substancia que puede dar, irá camino de elevarse. Sobre todo, obrad y aprended siempre; la acción y el saber son poder. No esperéis que la oportunidad os venga a encontrar: buscadla.
Perteneced siempre al bando de los optimistas; aún más, de los entusiastas; el pesimista es un enterrado en vida. Dice muy bien Cottingham: el entusiasmo es al negocio lo que el patriotismo es al ejército. Adquirid un carácter, o sea personalidad propia bien definida; flexible, sí, al razonamiento, pero granítica en la honradez, en el trabajo y en el orden.
Ya sé yo que me observarán algunos que incurro en petición de principio, o sea en el círculo vicioso de pedir grandes efectos a la voluntad, suponiéndola formada. Ecco il problema: Querer. Se dice siempre : querer es poder, pero el caso, lo difícil, es ese querer. Así que es un problema etiológico el que se nos presenta.
No es el Verbo, sino el Padre quién engendra. La voluntad, la cosa en sí, como dicen Kant y Schopenhauer, el origen, la fuente creadora, es el misterio eterno para los destinos humanos. La naturaleza ha provisto a lo porvenir en el mundo orgánico. Como recuerda Schopenhauer, el pájaro fabrica el nido para pequeñuelos que no conoce; el castor construye una cabaña cuyo destino le es desconocido; la hormiga y la abeja reunen provisiones para un invierno cuyos rigores no han experimentado; la araña y la hormiga-león preparan con astucia y cálculo las asechanzas para una futura presa que ignoran; los insectos depositan sus huevos allí donde la futura larva encontrará su alimento. Pero ya que los hombres tienen que proveer por sí mismos, de pronto pido a los jóvenes que imiten a la Naturaleza, o sea que formen las resoluciones sin esperar a conocer el resultado, y que se salgan de la situación enfermiza de la voluntad: enfermiza, digo, y a tal grado, que hasta ha traído una enfermedad terrible, la cual ha invadido a millones de hombres: la neurastenia.
Los neurásténicos, como los irresolutos, son demostración evidente de lo que ya decían Kant y Schopenhauer, o sea que la voluntad no es una motivación. El neurasténico se da cuenta, como los jóvenes indecisos, de que sus males son imaginarios, sus temores estúpidos y su agitación perpetua, punto menos que efectos vesánicos.
Pues bien; este es el problema que hay que resolver para ingreso en la esfera y actuación económica. La divisa ha de ser: Esto vir; sé un hombre. Para ser hombre, hay que luchar con el horror al esfuerzo. Téngase siempre en cuenta que lo que vale en los hombres es la energía. Sin ella, la vida es una dispersión, una disipación.
Lo que conviene son hombres y no diplomas; no apéndices de los padres y parásitos de patrimonios o del Estado, sino emprendedores y de iniciativa; no castigos de la generación y microbios de gerencias, sino personas de educación varonil, que desde su mocedad conquisten la independencia de la vida y den a la nación ciudadanos capaces de gobernarla y de regir sus actividades económicas.
La independencia requiere caracteres fuertes, y éstos no se obtienen sin una severa educación de la voluntad.
Guillermo Graell. El modo de hacer fortuna. 1914.