Historia EVOLUCION DE LA FAMILIA ESPAÑOLA PROMEDIO

 
Te lo arreglo anda, lo que está pasando ahora es esto:

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Mm yo tengo hijos y perros también. La una cosa no quita de la otra.
 

 
Yo tengo tres hijos y me hubiera gustado tener más, son una bendición por mucho que den por culo y te agoten.
Da igual lo que cueste. Me siento realizado y muy distinto a cuando era un joven soltero.

Ah, soy apóstata y libre pensador.

Con lo que ello conlleva en cuanto a educación de mis hijos, que por supuesto no han sido bautizados ni instruidos en ninguna religión pero sí aleccionados moralmente dentro de una ética humanista.
 
Yo tengo tres hijos y me hubiera gustado tener más, son una bendición por mucho que den por culo y te agoten.
Da igual lo que cueste. Me siento realizado y muy distinto a cuando era un joven soltero.

Ah, soy apóstata y libre pensador.

Con lo que ello conlleva en cuanto a educación de mis hijos, que por supuesto no han sido bautizados ni instruidos en ninguna religión pero sí aleccionados moralmente dentro de una ética humanista.
La excepción no quita la regla.
 
La evolución de la natalidad en España es evidente: ha disminuido drásticamente.
Mi padre tuvo siete hermanos, mi madre ocho. Yo tengo uno. Y la mayoría de mi entorno tiene uno o, como mucho, dos hijos. También están quienes deciden no tenerlos, por elección o por las circunstancias que impone la vida moderna.
Esta tendencia no es una percepción personal: es un hecho. España tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, en torno a 1,2 hijos por mujer, muy lejos del 2,1 necesario para garantizar el reemplazo generacional. Cada año nacen menos niños, y la edad media de maternidad se acerca ya a los 33 años, la más alta de Europa.
Cada vez nacen menos niños y vivimos más años. El sistema de pensiones, basado en que los trabajadores actuales sostienen a los jubilados, se resiente. Aunque España tiene más de 48 millones de habitantes, ese crecimiento se debe casi por completo a la inmigración; sin ella, estaríamos perdiendo población.
Nos guste o no, la inmigración será clave para mantener las pensiones, la economía y el equilibrio social. El debate no debería ser si es buena o mala, sino cómo gestionarla bien en un país que envejece cada vez más.
 
Y las familias numerosas españolas las pasamos putas para llegar a fin de mes (como cualquier familia con 1 ó 2 hijos) pero multiplicando los gastos x 3,4,5...
 
 
 
 
Las relaciones actuales tienen mucho que ver, antes la gente se emparejaba y se casaba antes, tener hijos fuera del matrimonio era lo peor e ibas al infierno. Ahora hay cantidad de personas que con treinta y muchos no han tenido una relación estable.

Si no hay estabilidad sentimental es difícil tener niños.
 
En el 55 se le morían más de la mitad en los primeros 5 años
Es así tal cual.

Cuando tuve al mío mi abuela me dijo "oye y para cuando el próximo? Por si se te muere este..."

Me quedé... :roto2:
 
Lo normal en la década de los 50 y 60 era tener entre cinco y siete hijos, siempre había uno o dos que palmaban de alguna enfermedad ya extinta o de algún catarro mal curado.
En los 70 y 80 ya lo normal era tener entre tres y cinco, pero ya era raro que palmase alguno.
En los 90 las familias tenían dos o tres, como mucho, ya había alguna familia que solo tenían uno, que solía ser el típico hijo único mimado que tenía más juguetes que nadie.
En el 2000 y años venideros está degenerando mucho la cosa. Familias con uno o dos hijos o mujeres con tres o cuatro hijos de diferentes padres. También se ve gente casada que no tiene hijos, tiene perros o gatos. También es común gente viviendo sola o parejas de gays y lesbianas, que en algunos casos tienen hijos.

Hoy día, el concepto de familia a desaparecido. Antiguamente, la presión social te empujaba a casarte cuanto antes para tener hijos, al final mucha gente se casaba con el primero o primera que pillaba. Había muchos gays y lesbianas reprimidos que vivían una vida familiar, y muchos matrimonios que no se querían. Aunque bueno, eso último también se ve ahora.

Ahora los que tienen muchos hijos son los moros y los latinos, pero sus hijos como que sé adaptan al rollo europeo y ya no tienen tantos.

Los hijos de los moronegros apenas tienen uno o dos, incluso menos o ninguno si tiras por generaciones mas jóvenes.
Yo hace años veía a la tira de moras con cochecitos y ahora eso también ha decrecido cantidad.
 
Los hijos de los moronegros apenas tienen uno o dos, incluso menos o ninguno si tiras por generaciones mas jóvenes.
Yo hace años veía a la tira de moras con cochecitos y ahora eso también ha decrecido cantidad.
Es por el fentanilo y el hedonismo occidental los chavales moronegros de segunda generación son yonkies y las tias moronegros de segunda generación son putillas que han tragado del feminazismo a punta y pala como la mora de la serie Elite, si cerramos las fronteras el Plan Karlegi se va a la mierda.
 
Debemos volver a esto.
Vivimos en una época marcada por el individualismo extremo. Frente hay que recuperar los valores de grupo: la solidaridad, la cooperación, el respeto mutuo y la responsabilidad compartida. Queremos reconstruir una sociedad donde nadie crezca solo, donde los niños sean educados por sus familias pero también acompañados por una comunidad atenta y protectora.
Una de las expresiones más concretas de ese comunitarismo es la crianza. Durante siglos, en los pueblos y barrios españoles, los niños no eran responsabilidad exclusiva de sus padres: eran responsabilidad de la comunidad entera. El vecino que corregía, el profesor que enseñaba con autoridad y con respeto, la red informal de adultos que protegía a los menores de peligros externos. La vieja del visillo que incordiaba pero que a la vez vigilaba, acompañaba y protegía. Eso no era intrusión: era solidaridad en su forma más concreta.

La antropología evolutiva ha dado nombre a esto: crianza alloparental. Los seres humanos somos la única especie de grandes simios que cría a sus hijos de forma comunal, y esa característica es precisamente lo que nos permitió desarrollar capacidades cognitivas y sociales tan complejas. Los niños humanos necesitan múltiples cuidadores para desarrollarse bien. El individualismo extremo en la crianza no es solo un problema social: es una anomalía en términos de lo que somos como especie.
 
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