Sir Connor
Shurmano Interestelar
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Se consideraba que las mujeres eran inferiores en el Medievo y aptas para transgredir la razón fácilmente, por lo que se desconfiaba mucho de aquellas que se desviaban de las normas. Se castigaban más los delitos femeninos porque tenían amplias posibilidades de alterar el orden público y eran consideradas seres muy peligrosos cuando sus faltas estaban vinculadas a la pasión sexual.
Los encantos eróticos formaban parte de la antigua tradición de supersticiones populares. La hechicería fue una de las actividades más importantes, al que debía hacer frente la Inquisición. Debemos saber, que en la mayoría de los casos de la hechicería urbana consistía en como atraer a los novios. Este encanto de la hechicería era debido a que suponía confiar en poderes prohibidos, además solían tener orígenes judaicos o islámicos y en muchos casos suponía pactar con el diablo.
La brujería se representaba como un “habitus de gracia negativa” y se entiende en el sentido religioso como la disposición permanente de hacer el bien o el mal, en este sentido, la enfermedad y el amor pueden inducir a conductas sospechosas lejanas a los patrones cristianos.
La noche, la luna y la muerte siempre se han vinculado a lo femenino como contaba el antropólogo vasco Caro Baroja en el año 1986, y también a lo oscuro y al mal. Muchas mujeres, que fueron acusadas de brujería, eran aquellas que de alguna manera habían estado ligadas a la naturaleza con tradiciones mágicas, muchas veces vinculadas con asuntos amorosos o sexuales; estas mujeres tuvieron un papel inquietante ya sea como curanderas, brujas o seductoras.
Se decía que el diablo penetró en la naturaleza femenina en el siglo XVII y gran cantidad de mujeres fueron perseguidas como brujas; un documento escrito por un inquisidor Boloñes en 1639, señalaba que:
“…Bruja formal es aquella que ha hecho pacto con el demonio y apostatando de su fe, con sus maleficios o sortilegios ha dañado a una o más personas, de modo que de tales maleficios o sortilegios se siga la muerte, o por lo menos enfermedad e impotencia para engendrar o detrimento notable a los animales, el pienso y otros frutos de la tierra…”
El Santo Oficio de la Inquisición fue una institución productora y difusora de ideologías, entre ellas la brujería que se desarrolló en la Europa Occidental entre los siglos XIV al XVII.
A partir del discurso sobre la brujería, curanderos, magos y hechiceros que eran aceptados en la cultura popular, en las creencias populares, fueron estigmatizados al vincularlos con la noción del diablo y considerados elementos de peligrosidad social.
Sin embargo, los demonios no estuvieron presentes sólo en estos individuos, sino también en los místicos, los alumbrados o iluminados que cayeron en manos del Tribunal del Santo Oficio y fueron acusados de herejes.
Los encantos eróticos formaban parte de la antigua tradición de supersticiones populares. La hechicería fue una de las actividades más importantes, al que debía hacer frente la Inquisición. Debemos saber, que en la mayoría de los casos de la hechicería urbana consistía en como atraer a los novios. Este encanto de la hechicería era debido a que suponía confiar en poderes prohibidos, además solían tener orígenes judaicos o islámicos y en muchos casos suponía pactar con el diablo.
La brujería se representaba como un “habitus de gracia negativa” y se entiende en el sentido religioso como la disposición permanente de hacer el bien o el mal, en este sentido, la enfermedad y el amor pueden inducir a conductas sospechosas lejanas a los patrones cristianos.
La noche, la luna y la muerte siempre se han vinculado a lo femenino como contaba el antropólogo vasco Caro Baroja en el año 1986, y también a lo oscuro y al mal. Muchas mujeres, que fueron acusadas de brujería, eran aquellas que de alguna manera habían estado ligadas a la naturaleza con tradiciones mágicas, muchas veces vinculadas con asuntos amorosos o sexuales; estas mujeres tuvieron un papel inquietante ya sea como curanderas, brujas o seductoras.
Se decía que el diablo penetró en la naturaleza femenina en el siglo XVII y gran cantidad de mujeres fueron perseguidas como brujas; un documento escrito por un inquisidor Boloñes en 1639, señalaba que:
“…Bruja formal es aquella que ha hecho pacto con el demonio y apostatando de su fe, con sus maleficios o sortilegios ha dañado a una o más personas, de modo que de tales maleficios o sortilegios se siga la muerte, o por lo menos enfermedad e impotencia para engendrar o detrimento notable a los animales, el pienso y otros frutos de la tierra…”
El Santo Oficio de la Inquisición fue una institución productora y difusora de ideologías, entre ellas la brujería que se desarrolló en la Europa Occidental entre los siglos XIV al XVII.
A partir del discurso sobre la brujería, curanderos, magos y hechiceros que eran aceptados en la cultura popular, en las creencias populares, fueron estigmatizados al vincularlos con la noción del diablo y considerados elementos de peligrosidad social.
Sin embargo, los demonios no estuvieron presentes sólo en estos individuos, sino también en los místicos, los alumbrados o iluminados que cayeron en manos del Tribunal del Santo Oficio y fueron acusados de herejes.


