Titovic
Shurmano Infinite
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Antes de que existiera cualquier cosa que podamos imaginar ni montañas, ni mares, ni cielo, nada—, había solo el Caos. Pero no pienses en un caos de desorden y gritos, como cuando entras en la habitación de un adolescente pajillero. No, no. Era un vacío absoluto. Oscuridad, silencio, ni una mota de polvo, ni un mísero soplo de viento. Nada.
Y aun así, de ese vacío empezó a brotar algo, como si la nada no pudiera aguantarse más a sí misma.
Primero surgió Gea, la Tierra. Pero no una Tierra como la que pisamos, no. Gea era vida, era fuerza, era como una madre que se crea sola, enorme, poderosa, que se extendía a lo bestia, ocupando todo el vacío. Después salió Tártaro, que era un abismo todavía más hondo que el Caos. Imagina el sitio más oscuro y profundo que puedas... ahora multiplícalo por mil. Pues ahí. Y luego apareció Eros. No el de las flechitas y los corazones, olvídate de eso. Este Eros era una fuerza salvaje, un impulso brutal que empujaba a todo a juntarse, a mezclarse, a crear vida a lo loco. También nacieron Érebo, que era como la oscuridad más densa, y Nix, la Noche. Y de Nix salieron cositas alegres como la Muerte, el Sueño y la Discordia. Vamos, que el ambiente estaba animadito.
Pero aquí lo gordo empieza con Gea. Porque Gea, cansada de estar sola, se las apañó para traer al mundo a Urano, el Cielo. Un cielo enorme, brutal, que cubría a Gea por completo como una manta gigante llena de estrellas.
Gea y Urano se liaron (literalmente), y de su unión salieron los primeros Titanes. Criaturas enormes, poderosas, que representaban los elementos más tochos de la naturaleza: montañas, océanos, cielos... ¿Problema? Urano era un paranoico de manual. Le daba miedo que sus propios hijos le quitaran el trono. Así que, cada vez que Gea paría, él los agarraba y los metía de vuelta en las entrañas de su madre, enterrándolos vivos. Gea, claro, se hartó. Imagínate: llena de hijos atrapados, sufriendo dentro de ella, sin poder salir. Así que, dolida y cabreada, decidió montar un golpe de estado.
Se fabricó una pedazo de hoz afiladísima y buscó entre sus hijos quién tenía lo que hay que tener para plantarle cara a papá. Y fue Cronos quien dijo: "yo me encargo".
Una noche, cuando Urano bajó confiado como siempre para "abrazar" a Gea, Cronos salió de su escondite y ¡zasca! Le metió un tajo en la entrepierna que hizo historia.
(Es en los huevos, pero ya sabéis que el generador IA no deja hacer esas cositas)
De la sangre de Urano, que cayó sobre la tierra, surgieron un montón de criaturas nuevas: las Erinias (diosas de la venganza), los Gigantes (unos bestias descomunales) y las Melíades (ninfas de los fresnos). Y de los restos de Urano que acabaron flotando en el mar... de esa espuma nació Afrodita, la diosa de la belleza.
Cronos tomó el control del mundo. Pero claro, como buen hijo de su padre, también le entró el pánico de que lo destronaran.
Un oráculo le soltó la bomba: "Uno de tus hijos te va a destronar". Y, como solución brillante, cada vez que su esposa Rea daba a luz, Cronos se zampaba al bebé. Tal cual. Sin preguntar.
Se comió a Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón. Como quien se come pipas. Rea, desesperada, decidió que ya estaba bien. Así que, cuando nació su sexto hijo, Zeus, le dio a Cronos una piedra envuelta en pañales. Cronos, tan pancho, se la tragó pensando que había hecho el trabajo.
Zeus, mientras tanto, fue criado en una cueva en Creta, alimentado con leche de cabra divina y protegido por guerreros que montaban tal escándalo a su alrededor que Cronos no se enteró de nada.
Cuando Zeus creció, se enteró de todo y se cabreó, claro. Con ayuda de Metis, una diosa lista como el hambre, preparó una poción para hacer que Cronos vomitara. Y vomitó, vaya si vomitó: uno a uno, los hermanos mayores de Zeus salieron disparados del estómago de su padre, vivitos y coleando.
Con la familia reunida, Zeus lideró la rebelión. Se lió una guerra brutal entre los nuevos dioses (los Olímpicos) y los viejos (los Titanes). Diez años de hostias cósmicas, terremotos, rayos, cataclismos...
Pero esa ya es otra historia.


